Mariana Lopez de Waard | No está roto, está en proceso de brillar.
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No está roto, está en proceso de brillar.

Existe una técnica japonesa para arreglar piezas rotas, por ejemplo de cerámica, que surgió alrededor del siglo XV. La idea principal era no tener que renunciar a esas piezas por haber sufrido un golpe, por haberse desgastado o haberse agrietado, así que las unían o las reparaban con un barniz de resina al que añadían polvo de oro, de plata o de platino. Aunque la forma más común es la del oro, que es de donde viene su nombre: Kintsugi – Reparación con Oro.
La mentalidad detrás de esto era el reconocimiento de cada pieza como algo que tenía un gran valor propio y que su historia, sus roturas, sus grietas, sus desgastes y sus reparaciones, eran parte de la historia de esas pieza. Y como nuestras cicatrices cuentan la historia de sus experiencias, y que todo tiene un arreglo.
Aunque la intención principal era arreglar algo roto, para que siguiera teniendo una vida y un uso más allá de sus imperfecciones, de aquella reparación surgía una pieza nueva, única y aún más bella. Con todo aquello que una vez estuvo roto brillando como el oro.
De hecho, las piezas reparadas con ésta técnica adquirían mayor valor y hoy día son mas valiosas que aquellas que, con la misma antigüedad, nunca llegaron a romperse.
¿Y por qué os cuento esto?
Porque creo que es una maravillosa analogía que podemos aplicar a nosotros mismos. Cuando algo va mal, cuando fallamos, cuando fracasamos… es como si fuéramos una de esas piezas de porcelana y sufriéramos un golpe, tal vez más pequeño que solo nos deje una grieta o un desconchado, o tal vez uno más grande que nos quiebre en pedazos.
Y tenemos dos opciones, podemos dejar que la rotura se quede separando nuestras piezas para siempre, no volver a estar nunca completos y dejar que ese suceso nos modifique de una manera negativa. O podemos reunir nuestras piezas rotas y dispersas y volverlas a unir, aprender de lo ocurrido y, cuando estemos otra vez enteros, el resultado será una versión mejorada y más brillante.
El asunto es que nada nos puede librar de sufrir alguna caída alguna vez, pero podemos tomar la decisión de que esa caída sólo nos defina para mejorarnos.
Así que la próxima vez que sientas que has tenido un fallo, que has sufrido un fracaso o que tu plan no ha salido como debería… piensa que tu negocio no está roto, está en proceso de ser mejorado, en proceso de brillar.



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