Pereza y Procrastinación.

Pereza y Procrastinación.

Existe la pereza y la procrastinación. Ambas son caras de una misma moneda y es simplemente la falta de motivación para hacer algo en concreto.

No confundamos la pereza (o la falta de motivación) con el cansancio. Puede estar cansado por haber dado lo más de ti mismo durante mucho tiempo sin pensar que debías pararte y recargar tus energías. Podemos estar cansados porque somos eres humanos y podemos debilitarnos, enfermar, o no estar cuidándonos como deberíamos. Pero teniendo una buena salud lo normal es que el cansancio sea un fenómeno pasajero y temporal, y sólo se necesita de una pausa de tanto en tanto para reponernos.

La pereza y la procrastinación tienen ambas una solución muy contraría al descanso. Hay que ponerse a ello, y quitárnoslas de encima con todo nuestro esfuerzo y con motivación.

Vamos a empezar por identificar a estos dos enemigos.

Pereza.
La pereza es mucho más que esa imagen de alguien medio tumbado en un sofá viendo la tele durante horas y comiendo algo directamente del envase.
La pereza es eso que nos impide hacer las cosas que planeamos, cuando dejamos las cosas a medias. La pereza es esa sensación que te dice que no merece la pena hacer tal cosa porque de todas maneras no va a funcionar, o que no tiene sentido. Aunque posiblemente sabes que te vas a arrepentir de haberlo abandonado. Es el tedio. Es no atrevernos a hacer cosas que pensamos que son complicadas porque no nos va a salir.
Hay una razón para que existe la pereza. Todos los seres vivos animados, los animales y nosotros mismos, estamos diseñados por naturaleza para guardar nuestras energías para aquello que nos parece de provecho y nos beneficia. Y a veces a los seres humanos nos cuesta ver el provecho a largo plazo. nos movemos para obtener beneficio a corto plazo porque lo vemos más tangible y más real, nos movemos por placer, por diversión, porque es un beneficio que obtenemos en el momento. Pero nos cuesta… cómo nos cuesta esforzarnos a diario por algo que está muy lejos. Así es como se estropean muchos planes, dietas, carreras… empezamos a considerar que la meta tras ese esfuerzo está demasiado lejos o no es tan importante para el esfuerzo que estamos invirtiendo. Mucha gente que podríamos considerar perezosa por dejar cosas a medias, simplemente no ha encontrado una motivación lo suficientemente importante para ellos. No ha encontrado un sueño y lo han interiorizado como algo real por lo que merezca la pena luchar o no se ven a si mismos capaces de conseguirlo por mucho que lo intenten.

Procrastinación.
Muchos conocemos esta palabra hoy día relacionada con el fenómeno de distraernos con cualquier cosa. No es así realmente como funciona. Procrastinar es ir dejando algo siempre “para luego”. Ese algo suele ser una tarea que nos resulta muy molesta, que nos incomoda, haciendo algo que nos agrade en su lugar, como… distraernos con fotos de gatitos en internet. Esto ocurre a veces por estrés, porque esa tarea nos pone en una situación en la que esta poniendo en peligro “nuestras barreras”, nos saca de nuestra zona de confort, o bueno, también puede ser muy aburrida.
Procrastinar equivale a deshacernos por un rato de la responsabilidad, escapar de algo que requiera nuestra completa atención. Una mala organización del tiempo también lo causa, ya que una saturación de trabajo que lleve a momento de estrés que te haga empezar a procrastinar cosas que requieren mucha atención, viene casi siempre por una mala organización.

En algún momento tu también has hecho algo de esto. Has dejado planes a media porque pensabas que no iban a ninguna parte, o has dejado que una tarea pasase a la lista de mañana de forma indefinida porque no podías con ella. O cuando ibas a hacer algo importante te pudo demasiado y te fuiste a mirar de que hablaban hoy en twitter.

Hay tres cosas que te pueden salvar de estas situaciones y convertir tus planes a medias en metas reales, conseguir la tarea maldita en trabajo hecho y ganarle terreno a tus propios límites cada día un poco más.

Objetivos:
Empieza por objetivos pequeños reales y que te resulten beneficiosos. Objetivos que puedas ir alcanzando y te den una sensación de seguridad cada vez mayor. Estos objetivos es importante que te aporten también una mejora en tu autoestima, pero también un valor para tu futuro, que sean útiles. Hazlos mas grandes cada vez más, y fíjate una meta a largo plazo, algo que de verdad quieras pero que se pueda alcanzar por medio de objetivos menores en los que puedas ir trabajando. Incluso la tediosa tarea que te cuesta tanto, te acerca un poco más a tus objetivos. Ten eso en mente y pon de tu parte en no dejarlo más tiempo, porque cuanto antes lo hagas, más cerca estarás de conseguirlo. Recuérdate a menudo cuales son tus objetivos a corto plazo y a largo plazo, no los pierdas de vista ni un sólo día.

Pequeñas costumbres:
Es cuestión de encontrar que costumbres diarias nos benefician a conseguir rendir mejor, mantenerte motivado. En estos artículos (parte 1 y parte 2) doy algunos hábitos para mantener la motivación en su punto. De igual manera, identifica si alguna cosa que haces te llena de negatividad o te desmotiva, y elimínala.

Asimílalo:
Puedes hacerlo y te mereces conseguirlo. Cuando creas que no eres capaz, recuerda que no es más que esa parte primitiva tuya diciéndote que estas gastando energías y que “a lo mejor” no merece la pena. Pero ¿qué sabe esa parte primitiva? Nada, lucha contra eso y asimila que eres más que capaz, que sabes que eres capaz. Escribe por qué crees que no serás capaz de lograrlo y luego vuelve a repasar tu plan y tus metas. Es un plan realista, bien pensando y estructurado. Creetelo.

Creetelo de verdad y ya habrás conseguido casi la mitad del trabajo que hace falta.

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