Fábulas: la cigarra y la hormiga

Fábulas: la cigarra y la hormiga

El verano llegó y una hormiga se dispuso a aprovecharlo para recoger todos los granos que encontrase y guardarlos para pasar el invierno sin apuros. Mientras la hormiga trabajaba una cigarra disfrutaba del verano cantando todo el día. Un día la cigarra, sorprendida de ver que la hormiga no paraba en plena época en la que el resto de los animales disfrutaban del calor y se divertían, le preguntó:
– ¡Hormiga! ¿No te cansas con tanto trabajo y con éste calor? Ven y relájate conmigo.
La hormiga, sin dejar de desatender sus labores, contestó:
– Más te valdría hacer como yo y asegurarte de tener provisiones para el invierno.
La cigarra pensaba que la hormiga era una exagerada y se rió de ella.
El verano continuó y la hormiga trabajaba y la cigarra se divertía. Hasta el tiempo empezó a cambiar, el viento se volvió frío, los árboles empezaban a perder sus hojas… y muy poco después llegaría la nieve.
La cigarra se vio muy pronto desamparada y no había grano ni frutos. Intentó recurrir a la ayuda de la hormiga que tenía una casa calentita y llena de víveres. Pero la hormiga, molesta por la actitud de la cigarra durante el verano le dijo:
– De haber previsto en su momento, hoy no estarías pasando frío y hambre.
Y cerró la puerta a la cigarra.

Planifica, organízate, trabaja. Mientras todos se relajan, piensa en el futuro. Y nunca dejes nada importante al azar ni para “mas tarde”. Sé una hormiga, una hormiguita un poco menos malhumorada, pero una hormiguita al fin y al cabo. Y de tanto en tanto, ya tendremos momento para vivir como cigarras en verano, mientras nuestro trabajo de hormiguitas está dando sus frutos.

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