Tres lecciones a aprender cuanto antes.

Tres lecciones a aprender cuanto antes.

Me he construido de nuevo, casi, para ser la persona que sería capaz de cumplir mis sueños. Seguro que esa frase también te suena a ti, y seguramente ya estés en el proceso de conseguirlo.

En ese proceso por el que pasamos todos, me he visto haciendo balance de todo lo aprendido y todo lo que tenía que “desaprender”. Y, entre otras cosas, me he dado cuenta de algunas cosas maravillosas que sí aprendí de pequeña y que todos deberíamos recordar mucho más a menudo. Algunas de ellas se quedan siempre, otras las vamos perdiendo porque crece en nosotros la inseguridad, conforme nos hacemos mayores. Otras lecciones, algunos niños no la llegan a aprender nunca y corren el riesgo de convertirse en adultos con aún menos recursos emocionales para tener una vida exitosa, feliz…

Comparto contigo algunas de las lecciones que yo aprendí siendo pequeña, en concreto tres muy especiales, y que intento que mi hijo no olvide jamás. Te recomiendo que las recuerdes, si las olvidaste, que las interiorices para que te hagan crecer, y que las compartas con todo el corazón a la siguiente generación, para que tengan un impacto en ellos.

 

“Escucha más de lo que hables.”

Todos aprendemos por la observación y la imitación. Así aprendemos a hablar y a comer por nosotros mismos, por ejemplo. Pero cuando crecemos, empezamos a observar menos y a hablar mucho más. Lo que tenemos que decir siempre es más importante de lo que podamos aprender… incluso si lo que tenemos que decir lo hemos aprendido mal, por no escuchar lo suficiente.

Cuando decides escuchar de verdad, antes de hablar, se produce algo muy especial. Llegas a conocer mejor a las personas, abres la mente a otras posibilidades.

Así que, mientras que debemos enseñar a nuestros hijos a tener su voz propia y no tener miedo a usarla, también debemos enseñarles a hacerlo con sensatez y a convertirse en mejores personas desarrollando la capacidad de escuchar, de querer comprender de verdad a otros. Y a ser personas más observadoras y atentas y, por lo tanto, más inteligentes.

 

“Ten una mente positiva.”

Considero esta enseñanza una muy valiosa. Para los niños puede ser mucho más fácil ver el lado más simple, brillante y mágico de la vida, pero conforme crecen, esa magia y esa alegría puede perderse. Durante la adolescencia se produce una etapa muy difícil en la que todo se ve mucho más difícil de lo que es.

Pero tú puedes darles las herramientas para que no pierdan su visión positiva, para que crezcan seguros de si mismos, mirando al futuro con optimismo y felices. No se trata de decirles que no lloren, todo el mundo debe poder expresarse y sentir sin restricciones, se trata de enseñarles a buscar siempre la solución al problema, a que sepan que, pase lo que pase, hay una solución y estará en sus manos. O, al menos, siempre tendrá alguien con quien contar para que les ayude a encontrarla, con una sonrisa.

Es una de las armas más poderosas que ganar y que puedes transmitir.

 

“Trata a otros como te gustaría ser tratado.”

Ponerte en la situación de otro es algo que cuesta aprender y, cuando somos adultos podemos olvidar con facilidad. Nuestros problemas nos agobian, el mercado laboral tradicional nos enseña a pisar al compañero para subir un escalón profesional. Como sociedad, no tratamos bien a aquellos que no encajan. Y esa falta de empatía y de tolerancia acaba, de alguna manera, trasladándose también a los pequeños.

Sabemos de sobra que el mundo sería justo como nos gustaría que fuera si todos nos comportáramos decentemente, simplemente con tratar a otros con el respeto que desearíamos recibir.

Y, a veces, los pequeños detalles tienen los efectos más grandes. Puedes empezar enseñando a tu hijo la importancia de saludar, dar las gracias, no sólo cuando te hacen un favor o un regalo, sino también cuando te sirven el plato en el restaurante o te dan el cambio en la tienda. Cuando tenga la tentación de reírse de una persona o un compañero de clase, hazle ver que el hecho de que alguien sea diferente no es nada malo. Pero que ser cruel con otros y hacerlos sentir mal por ser ellos mismos no tiene nada de bueno para nadie. Y, sobre todas las cosas, a no insultar o atacar a nadie.

Enséñales la satisfacción de hacer sonreír a otros. Y que siempre recuerde que cada acción y palabra tiene consecuencia, así que siempre es mejor escoger aquellas que tengan buenas consecuencias.

No debes ser duro con él si al principio le cuesta dar las gracias o los buenos días, especialmente a personas con las que no está familiarizado; recuerda que la lección más importante de todas es la que explicamos desde el ejemplo.

Así que piensa que el mayor trabajo de liderazgo que haces en la vida es el de ser el mejor ejemplo para que tus hijos, sean quienes sean o decidan dedicarse a lo que quieran en el futuro, sean siempre personas seguras, felices y bondadosas.

3

You May Also Like