¡Que estas fiestas sigan siendo mágicas!

¡Que estas fiestas sigan siendo mágicas!

¿Recuerdas como era la navidad cuando eras pequeño?

Las luces, las canciones, las comidas en familia y la ilusión de todo el mundo sigue ahí, pero tal vez y no lo vivas de la misma manera. Claro que entonces SI creías en la magia, Papa Noel o los Reyes Magos, de verdad estaban a punto de visitar tu casa y dejarte asombrosos regalos, en aquellos años.

Parece que, si pierdes la creencia en la magia, las navidades se convierten en un trámite por el que pasar, una época de gastos y poco más.

¡No tiene por qué ser así!

¿Quieres recuperar esa magia? Entonces lo primero que necesitas es QUERERLO de verdad, tener la voluntad de hacer que estas fechas sean mágicas de nuevo.

Y ¿Por qué querrías hacer eso?

Te daré dos razones bien poderosas:

La primera es que, si tienes hijos, puedes disfrutar junto a ellos de una de las épocas del año que más felices los hacen. Y los mejores recuerdos que puedes regalarles para que les acompañen toda su vida son navidades realmente felices, de ilusión y que os unan aún más.

La segunda es por tu propio bienestar. No hay ninguna razón por la cual hacerte mayor signifique que debas dejar de disfrutar de épocas que existen para traer felicidad a las personas. No hay ninguna razón por la que debas prohibirte, por la edad, ser un poco más positivo, más alegre y más amable.

Tu desarrollo personal y tu mentalidad para el éxito también se ven reforzados cuando disfrutas al máximo fiestas como estas.

No sólo tienes todo el derecho de disfrutar, es que DEBERIAS, disfrutar un poco más de la vida, agradecer los buenos momentos y aprovechar cada ocasión posible de compartir en familia.

Te voy a dar algunos consejos para que recuperes la ilusión navideña y vuelvas a soñar, como cuando eras pequeño.

Nada tiene que ser perfecto.

Tendrás invitados en casa y te preocupa más de lo que debiera que la comida sea perfecta, la decoración, los regalos, etc… Es uno de esos errores que cometemos al hacernos mayores, hasta las navidades se convierten en un trabajo para el que nos encontramos demasiado poco cualificados. Las imágenes de navidades perfectas con las que nos inunda la televisión y las películas no ayudan. Pero tienes que parar, lo importante es lo que se vive en familia, la calidez con la que recibes a tus invitados, no que sepas la correcta etiqueta de cómo ordenar los cubiertos.

Incluso si no vives en familia, elige ilusionarte.

Si estás leyendo esto pensando que tu familia vive demasiado lejos, que tu situación este año no te acompaña, vives sólo, etc… Esa no es razón para desterrar una fiesta que antaño te ilusionaba de tu vida. Adorna un poco la casa, encuentra un amigo con el que celebrar, sal de casa y mira las hermosas luces que seguro que hay en tu ciudad. Hazte una cena especial, aunque sea para ti mismo, y organiza un Skype con tu familia para brindar juntos. ¡Regálate algo que deseabas desde hace tiempo! No es tu situación lo que importa, si no cómo decides actuar ante la situación.

Haz tus propios adornos.

Hay un encanto especial en dedicarle algún tiempo a montar el árbol desde cero, o crear adornos con materiales reciclados, o trozos de felpa y algodón. No es elegante, no es de digno de unas navidades de película, ¡pero es tan constructivo y satisfactorio! Y es un momento perfecto para compartir en familia también.

Nada es obligatorio.

Cuando crecemos, hay ciertas cosas que se hacen en estas épocas casi de forma automática. Algún plato de la cena que en realidad cambiarías por otra cosa, esas tarjetas navideñas que siempre envías, pero que ya firmas casi sin mirar, algunos compromisos sociales que se han convertido en otro trámite más.

Hagas lo que hagas durante estas fiestas, asegúrate que lo haces porque quieres, porque sientes que es correcto o porque te hace feliz.

No tienes que obligarte a ser feliz, sólo permitírtelo.

 

Lo que quiero decir es que tienes que dejar de agobiarte por lo que deberías o no hacer, lo que debería o no pasar y como deberían o no ser estas fiestas, y simplemente abrazarlas tal como son y aprovechar de ella sus mejores momentos. Una vez abandones todos esos estándares que nos imponemos como adultos, empezamos a ver estas fechas, de nuevo, cómo eran cuando éramos pequeños.

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