Los tres errores del seguimiento.

Los tres errores del seguimiento.

Una de las cosas que pueden parecer terriblemente difíciles o frustrantes, aunque en realidad se trate de algo muy simple, son las llamadas de seguimiento.

De hecho, puedo decirte que es aquí donde algunos networkers empiezan a perder el entusiasmo y donde la confianza de muchos se pone a prueba para no superarla.

Pero se trata de una cuestión de práctica, de paciencia y, sobre todo, de mucha constancia. Es mucho más sencillo de lo que puede parecer, si te atienes a estos principios básicos y evitas caer en los errores más comunes.

Tranquilo, casi todo el mundo ha cometido alguno en algún momento, sólo necesitas darte cuenta y proponerte corregir tus hábitos.

 

No lo dejes pasar.

Uno de los peores hábitos que te van a hacer fallar y perder prospectos es el de posponer cosas, el de dejarlo “para luego”. No importa si estás ocupado, porque pocas cosas de tu rutina deberían ser más importantes que tomarte un rato para hacer seguimiento. Tiene que ser un hábito diario, no algo que dejas para cuando tienes una tarde libre.

Si a alguien le dijiste que le llamarías el martes, llama el martes a la hora que acordasteis.

Para evitar dejar una cita sin cumplir es bueno que tengas bien actualizada tu agenda, así que, si tienes un viaje programado o una reunión, no te comprometas por error a llamar en esos días. Y, si surge después de haberte comprometido a llamar, llama un poco antes para avisar y aprovechas para volver a conversar con esa persona.

 

No atosigues.

Una cosa es seguir y otra perseguir.

Imagínate un viaje largo en carretera. Llevas a tus hijos pequeños en el asiento de atrás que ya están aburridos de estar sentados y quieren salir a jugar, pero el viaje les parece eterno y cada cinco minutos o menos preguntan si falta mucho para llegar. Y al cabo de media hora, no puedes más, adviertes que el próximo que pregunte algo se quedará castigado sin poder jugar con la pelota el resto de la tarde.

Ellos no entienden que sea molesto, para ellos lo molesto es que aún estén sentados en ese coche sin saber cuánto tardarán en salir de él.

Pero lamentablemente, tú corres el riesgo de sonar igual que unos niños pequeños agobiados por el asiento de atrás. Sé honesto, lo has hecho.

Has llamado cada par de días preguntando si ya se había aclarado. Y la respuesta ha sido más o menos la misma siempre. Que si no he podido mirarlo, que si no he tenido tiempo de hablar con mi pareja sobre esto… si te cogen el teléfono.

La otra persona no lo tenía claro, pero tu manera de abordar el asunto no ha ayudado. Has sido inseguro, has presionado y se te ha notado una desesperación por obtener respuesta, como la de un niño por salir del coche. No sólo hace que te noten con poca seguridad, sino que también acabas siendo un tanto “pesado”.

En lugar de eso, ofrece alguna novedad que puedan interesarles, habla de expansión o de apertura de alguna zona y dale a la otra persona la posibilidad de formar parte de algo importante desde su creación. Hazlo sobre la otra persona, no sobre ti. Si no hay respuesta deja pasar un tiempo y vuelve a llamar cuando tengas otra cosa que ofrecer, una promoción, algo nuevo, y no preguntar qué ha decidido. Y siempre, siempre, hazte sonar como alguien emocionado y jamás como alguien que está perdiendo la paciencia.

 

Y, por supuesto, no insistas cuando es evidente que no va a ninguna parte.

Por muy bien que lo hagas todo, siempre va a haber personas que no saben decir que no, y sólo te dirán que puede, aunque sea que no. Es molesto, es poco honesto contigo, pero es aún peor para ellos mismos. Se quedan atrapados en una comunicación que no desean continuar y no saben cómo cortar. Y te roban tiempo que podrías estar usando en otras tareas o dedicándoselo a personas que si estén realmente interesadas o a las que tengas que guiar en sus primeros pasos.

Te encontrarás excusas o contestadores automáticos. Pero lo más sano para ambas partes es que taches su nombre de tu agenda en cuando veas que, realmente no se trata de alguien que tenga miedo a dar el paso, o que no sea su mejor momento. Si no de alguien a quien, de verdad, no le interesa nada, pero no tiene la iniciativa ni la prioridad de dejártelo claro.

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