Dos días en Mazatlán

Dos días en Mazatlán

Dos días junto a una costa maravillosa y rodeada de arte puro, nada más poner un pie en sus calles. Una figura de una mujer de bronce, con los brazos abiertos en signo de afecto y hospitalidad nos recibe para darnos la bienvenida, y no muy lejos de ella una escena en la que ser humano y naturaleza coexisten en una armonía perfecta.

Mazatlán es un museo abierto al público, una ciudad de innumerables monumentos cargados de historia y simbolismo. Y al mismo tiempo es una preciosa ciudad de costa en la que da hasta pena no poder pasar más de dos días.

El hotel donde habíamos programado los eventos está justo a pie de playa y desde allí las vistas son la inmensidad inabarcable del mar. Un gran horizonte, libre y en apariencia infinito desde donde yo lo contemplaba.

 

El primero de estos dos días estuvo dedicado a una presentación y la segunda jornada se trataba de un entrenamiento. Tenemos un pequeño y joven equipo en esta región turística que está deseando progresar para hacer crecer también su tierra, para darle a su Mazatlán un futuro más brillante. Y yo me siento orgullosa y feliz de formar parte en el progreso de un lugar tan hermoso y con personas tan entregadas a su crecimiento. Me siento útil al ayudar con mi experiencia a dar más valor a esta región a través de sus emprendedores.

Agradezco a Mazatlán por estos dos días, por su compromiso y su curiosidad. Agradezco también muchísimo a Fátima Tirado y su esposo que hicieron un trabajo magnífico con la organización. Y también quiero dar las gracias a Humberto Villareal.

Y ahora, el viaje continúa.

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