Categoría: Recomendaciones

Para empezar, quiero decir algo muy importante: el éxito no siempre depende de un alto nivel de productividad, y aún así, ser productivo no siempre es igual a estar ocupado todo el día.

Cuando digo que el éxito no siempre depende de un alto grado de productividad, me refiero a que hay muchos más éxitos en la vida, tanto de manera profesional como de manera personal, que no van a depender de que hagas 50 o 100 cosas, en un determinado tiempo. El éxito, a veces es simplemente dar un paso adelante, cambiar la manera de hacer las cosas, ganar un poco de tiempo o de libertad.

Ya ha quedado atrás ese pensamiento de que una persona con éxito era una persona que no tenía tiempo para su vida personal y familiar. Que debía sacrificar partes importantes de su vida para ello.

Pero en el momento en el que estás construyendo algo nuevo e importante, como lo es tu negocio, sí es cierto que necesitas un meticuloso equilibrio entre producción y tiempo. Cuanto más avances en el menor tiempo posible, más cerca estarás de esa clase de éxito que te permita vivir libremente, con tiempo para ti y para los tuyos.

En la búsqueda de ese equilibrio se pueden cometer errores y desarrollando hábitos que pueden hacer perder el control a cualquiera.

Hoy te quiero hablar de tres acciones concretas que significan una gran diferencia en ese momento en el que estás construyendo, pues te permitirán enfocarte, tener un alto nivel de productividad sin desgastarte.

  • Ten un plan.

La falta de planificación es excesivamente peligrosa. Incluso si crees que todo está muy claro en tu mente y sabes a donde te diriges, lo estás haciendo todo mucho más difícil de lo que debería. No necesitas nada complicado, basta con que marques las metas a largo, medio y corto plazo, y lleves una sencilla lista de tareas diarias.

 

  • Trabaja bien y descansa mejor.

La emoción de un proyecto personal te hará querer trabajar muchas horas cada día y acabar tarde. Incluso reconozco que la emoción de ver grandes progresos te puede empujar a querer aprovechar cada minuto del día y hasta de la noche para dar un paso más allá. Lo que ocurre es que esa emoción no podrá evitar que tu cuerpo empiece a necesitar su descanso, y te abandonará muy pronto cuando estés cansado y algo no salga bien. El cansancio, además, en poco tiempo te hará más torpe y te costará más tiempo hacer menos. Es mucho mejor trabajar con cabeza, reservar horas del día para ti o para estar en familia y dormir las horas necesarias. Esto, créeme, a la larga será una potente fuente de motivación.

 

  • Aprovecha bien las reuniones.

Todas tus reuniones deben tener un objetivo y, a la hora de despedirse tienes que tener claro que el objetivo se ha cumplido. Si el objetivo es conocer más a la otra persona, dar a conocer tu negocio, establecer un plan de trabajo para la siguiente semana, aclarar dudas… Sea cual sea la razón de tu reunión procura que se cumpla. No dejes que se escapen horas enteras en las que se habla de otras cosas y no hay ningún progreso. Compartir tiempo con otros siempre es beneficioso, pero todos tenemos la tendencia a dejarnos llevar por las distracciones y perder el hilo.

Son tres consejos muy simples, pero ten en cuenta que la gran mayoría de las personas piensan que estar todo el día ocupado les va a dar frutos; que, si haces muchas reuniones y muy largas, se están haciendo muchos progresos…

Con sólo esas tres acciones creas una enorme diferencia entre un trabajo duro que no rinde y un trabajo inteligente que da frutos. Pero, sobre todo, da una buena vida.

1

Un negocio de network marketing es muchas cosas a la vez: es negocio, es ocupación, es estilo de vida, es escuela, es socialización, y es una cantidad asombrosa de experiencias. Es algo simple y muy complejo a la vez que necesitará, de ti, toda tu concentración y tus fuerzas cuando lo estés construyendo.

Descubrir que existe una manera de trabajar diferente, enfocada a largo plazo en ganar libertad en lugar de sobrevivir mes a mes, es algo maravilloso. Descubrir que, además, te conviertes en tu propio jefe, es tanto un privilegio como una responsabilidad. Y aunque una de las más importantes características a desarrollar o a potenciar para conseguir el éxito sea esa de “pensar fuera de la caja”, esa responsabilidad exige algunas reglas.

Y tener una buena organización no es sólo un asunto de responsabilidad, sino también de resultados.

Lo cierto es que no existe tal cosa como la rutina absoluta en este negocio; me he acostumbrado a encontrarme cambiando todos mis horarios de sueño de una semana a la otra y vuelta a empezar, durmiendo sólo tres horas en todo un fin de semana, parar por casa lo justo para cambiar de maleta… Cuanto más progresas hacia el éxito, más difícil es mantenerte organizado. Pero igual de importante, o más, es encontrar los momentos para seguir haciéndolo.

¿Por qué es importante la organización?

Cuando hablo de la organización me refiero a tener dos cosas esenciales impecables: el lugar de tu casa que hayas destinado para ser tu oficina y tu agenda. No se trata sólo de limpieza, aunque eso también es importante.

  • Tener el escritorio despejado y ordenado, y un rincón de trabajo agradable y sin estorbos ni distracciones.
  • Saber dónde está cada cosa, incluyendo números de teléfono (además de en tu propio teléfono, que nunca se sabe), materiales para presentación, y lo que sea.
  • Tu agenda debe estar actualizada y estar clara para que sepas a simple vista el estado de todo: cosas hechas, cosas por hacer, llamadas por hacer, recordatorios, citas, etc…

La razón de hacer todo esto es muy simple. El caos distrae y te puede hacer casi imposible ver los avances que consigues, si es que los consigues a pesar del caos. Y aunque sea un negocio diferente y flexible, es un negocio y tienes que tomártelo muy en serio.

Sin organización es fácil que olvides cosas, como las citas, los seguimientos o todo tipo de tareas grandes o pequeñas. La falta de organización te puede causar confusión, y no tendrás claras qué llamadas habías hecho en los últimos días. Además, si no tienes ningún sistema probablemente tampoco tomes notas sobre tus contactos o reuniones, olvidando también detalles importantes sobe tus prospectos. ¡Hasta podrías confundir nombres!

Es que somos humanos y, aunque queramos, no podemos recordarlo todo con perfecto detalle si no tenemos una ayudita.

En cuanto a tu rincón de trabajo, estoy a favor de probar diferentes lugares gracias a la flexibilidad que este trabajo nos da: puedes repasar tu agenda y hacer llamadas desde el jardín, o mientras das un paseo por el parque. Pero sigue siendo necesario que tengas un rincón de trabajo en casa al que recurrir. Un escritorio, un lugar amplio, decorado como quieras. Un lugar que te anime a ser productivo, que te motive y que no te distraiga.

Una bonita y agradable “oficina” te da energía, te ayuda a producir, a avanzar…

Cuesta muy poco, apenas unos minutos de tu día, mantener esa organización. Y, a cambio, esa organización te devuelve tiempo multiplicado, te la sensación de progreso casi diariamente, y te da una capacidad increíble para llevar adelante todo cuanto quieras sin perder un ápice de profesionalidad.

Así que, no es sólo cuestión de trabajo duro; sobre todo, es cuestión de trabajo inteligente.

0

¿Recuerdas como era la navidad cuando eras pequeño?

Las luces, las canciones, las comidas en familia y la ilusión de todo el mundo sigue ahí, pero tal vez y no lo vivas de la misma manera. Claro que entonces SI creías en la magia, Papa Noel o los Reyes Magos, de verdad estaban a punto de visitar tu casa y dejarte asombrosos regalos, en aquellos años.

Parece que, si pierdes la creencia en la magia, las navidades se convierten en un trámite por el que pasar, una época de gastos y poco más.

¡No tiene por qué ser así!

¿Quieres recuperar esa magia? Entonces lo primero que necesitas es QUERERLO de verdad, tener la voluntad de hacer que estas fechas sean mágicas de nuevo.

Y ¿Por qué querrías hacer eso?

Te daré dos razones bien poderosas:

La primera es que, si tienes hijos, puedes disfrutar junto a ellos de una de las épocas del año que más felices los hacen. Y los mejores recuerdos que puedes regalarles para que les acompañen toda su vida son navidades realmente felices, de ilusión y que os unan aún más.

La segunda es por tu propio bienestar. No hay ninguna razón por la cual hacerte mayor signifique que debas dejar de disfrutar de épocas que existen para traer felicidad a las personas. No hay ninguna razón por la que debas prohibirte, por la edad, ser un poco más positivo, más alegre y más amable.

Tu desarrollo personal y tu mentalidad para el éxito también se ven reforzados cuando disfrutas al máximo fiestas como estas.

No sólo tienes todo el derecho de disfrutar, es que DEBERIAS, disfrutar un poco más de la vida, agradecer los buenos momentos y aprovechar cada ocasión posible de compartir en familia.

Te voy a dar algunos consejos para que recuperes la ilusión navideña y vuelvas a soñar, como cuando eras pequeño.

Nada tiene que ser perfecto.

Tendrás invitados en casa y te preocupa más de lo que debiera que la comida sea perfecta, la decoración, los regalos, etc… Es uno de esos errores que cometemos al hacernos mayores, hasta las navidades se convierten en un trabajo para el que nos encontramos demasiado poco cualificados. Las imágenes de navidades perfectas con las que nos inunda la televisión y las películas no ayudan. Pero tienes que parar, lo importante es lo que se vive en familia, la calidez con la que recibes a tus invitados, no que sepas la correcta etiqueta de cómo ordenar los cubiertos.

Incluso si no vives en familia, elige ilusionarte.

Si estás leyendo esto pensando que tu familia vive demasiado lejos, que tu situación este año no te acompaña, vives sólo, etc… Esa no es razón para desterrar una fiesta que antaño te ilusionaba de tu vida. Adorna un poco la casa, encuentra un amigo con el que celebrar, sal de casa y mira las hermosas luces que seguro que hay en tu ciudad. Hazte una cena especial, aunque sea para ti mismo, y organiza un Skype con tu familia para brindar juntos. ¡Regálate algo que deseabas desde hace tiempo! No es tu situación lo que importa, si no cómo decides actuar ante la situación.

Haz tus propios adornos.

Hay un encanto especial en dedicarle algún tiempo a montar el árbol desde cero, o crear adornos con materiales reciclados, o trozos de felpa y algodón. No es elegante, no es de digno de unas navidades de película, ¡pero es tan constructivo y satisfactorio! Y es un momento perfecto para compartir en familia también.

Nada es obligatorio.

Cuando crecemos, hay ciertas cosas que se hacen en estas épocas casi de forma automática. Algún plato de la cena que en realidad cambiarías por otra cosa, esas tarjetas navideñas que siempre envías, pero que ya firmas casi sin mirar, algunos compromisos sociales que se han convertido en otro trámite más.

Hagas lo que hagas durante estas fiestas, asegúrate que lo haces porque quieres, porque sientes que es correcto o porque te hace feliz.

No tienes que obligarte a ser feliz, sólo permitírtelo.

 

Lo que quiero decir es que tienes que dejar de agobiarte por lo que deberías o no hacer, lo que debería o no pasar y como deberían o no ser estas fiestas, y simplemente abrazarlas tal como son y aprovechar de ella sus mejores momentos. Una vez abandones todos esos estándares que nos imponemos como adultos, empezamos a ver estas fechas, de nuevo, cómo eran cuando éramos pequeños.

0

No importa si tu objetivo es convertirte en un líder que trabaje para inspirar y guiar a una organización de personas, o tan sólo quieras mejorar un poco tu nivel económico actual; sea cual sea tu nivel de ambición para comenzar en el network marketing tendrás que enfrentarte a algunos cambios y a algunos retos. Y uno de ellos será reflexionar sobre cómo las circunstancias te afectan o dejas que te afecten.

En este punto podemos simplificarlo en dos simples mentalidades opuestas: la de acción contra la de reacción.

Mentalidad de Acción.

Las cosas suceden y no tienes el control absoluto de todo lo que ocurre a tu alrededor, como las decisiones que toman otros, por ejemplo. Hay muchas cosas que se escapan a tu control, de hecho, pero eso no te hace una víctima de las circunstancias.

Una mentalidad de acción te da la ventaja de ver la situación, analizarla, y decidir cómo actuarás para que la situación te sea beneficiosa, o por lo menos, que no salgas perdiendo.

Se trata de actuar con cabeza fría, con calma.

Mentalidad de Reacción.

No piensas, no razonas… simplemente reaccionas. Esta mentalidad puede llevarte a muy malas situaciones porque tiendes a no pensar lo que dices, a dejarte llevar por las emociones, e incluso pagar con los que tienes alrededor el disgusto de algo que, si lo piensas bien, verás que no es para tanto. No era para dejarse llevar y desde luego no era para hacer sufrir a otros injustamente por tu mal manejo de las emociones.

¿Qué aportan esas mentalidades a tu éxito?

Si quieres convertirte en un buen líder, está claro que una mentalidad orientada a procesar las situaciones antes de actuar es la ideal. Primero porque así eres capaz de ver todo el conjunto, la realidad de la situación, tal como es y no tal como la sientes. Segundo porque genera confianza y tu cabeza calmada sabrá tratar a las personas a tu alrededor con respeto, pase lo que pase.

Por el contrario, una mentalidad de reacción siempre te tendrá en un estrés continuo, y esa actitud hará estragos en tus relaciones con tu equipo. Recuerda que es más importante cómo reaccionas antes una circunstancia o un hecho, que el propio hecho.

En tu vida personal estos rasgos también hacen la diferencia entre tener buenas relaciones personales o no, entre tener una vida feliz, o creer que todo lo que te ocurre es una gran tragedia.

Pero créeme, si quieres trabajar con personas, ayudar a personas e inspirar a otras personas a seguir tu ejemplo, tienes que hacerlo con una mentalidad dispuesta a ver el lado bueno de cada hecho, de ver la solución al problema y la puerta en el muro.

0

Por si no te suena el término “higiene mental” comenzaré por dejar claro de que se trata: es un conjunto de actividades o de hábitos que debes llevar a cabo para cuidar de tu salud mental.

Lo que ocurre es que la mente es el motor de todo lo demás en tu vida. Tu mente y el estado en que se encuentre tiene un grandísimo impacto en tu salud física, en tu vida social, en tu carrera profesional… y hasta se reflejará en tu cara. Por eso mismo, que cuides de que todo lo que ocurre ahí dentro pase por una buena higiene mental es lo mismo que cuidar de el resto de aspectos de tu vida.

Pasar tiempo con personas a las que quieres ayuda a un buen estado mental, hacer deporte ayuda también, eliminar de tu vida malos hábitos o rutinas estresantes que no te aporten nada más, son grandes ayudas.

Pero aquí hay un par de cosas que puedes hacer por mejorar esa higiene mental:

Valórate. Seguro que eres capaz de decir al menos cinco cosas muy buenas de cada uno de tus amigos, compañeros o de tus familiares.  Intenta hacer lo mismo contigo: busca esas, al menos, cinco cosas realmente buenas que tienes y sé consciente de ello.

Mira lo positivo de las situaciones. Esfuérzate por ver el lado bueno de cada situación, en la mayoría de los casos los problemas no son para tanto y siempre puedes sacar algo bueno de ellos.

Y una muy importante:

Cuídate de tus propios pensamientos.

Imagínate esta historia como si te pasara a ti mismo. Es una historia que, en realidad, suena demasiado familiar en la mente de muchas personas, y tal vez realmente ya la hayas vivido de una manera o de otra.

Imagina que quieres crear un cambio total en tu vida. Te has hartado del empleo que tienes porque notas que te asfixia y en realidad, digamos, siempre quisiste ser artista. De hecho, ¡eres bastante bueno! Te cuesta admitirlo, eso sí, y tu padre siempre te dijo que nunca ibas a vivir de pintar garabatos.

Has hecho unas ilustraciones en tu tiempo libre, algunas las has subido a tus redes sociales y han tenido algunas interacciones positivas, pero como siempre en todas partes, también hay comentarios negativos. Por alguna razón que terminas de entender, has decidido darle vueltas y vueltas a esos comentarios negativos. Incluso cuando consigues una oportunidad realmente buena de convertir esas ilustraciones en tu nuevo trabajo.

Tienes una entrevista para una editorial, ellos quieren que trabajes en las portadas de una nueva serie de libros fantásticos y juveniles, dicen que tu estilo funcionaría genial con la idea de diseño que tienen.

Pero tu acudes hecho un manojo de nervios, no haces más que pensar en esos comentarios negativos. Además has visto accidentalmente los bocetos de otros antes de entrar al despacho y ahora estás seguro de que son mucho más buenos que los tuyos.

Hablas de tus dibujos y acabas resaltando casi sus fallos antes que sus virtudes. “No soy tan bueno.” “Jamás me ganaré la vida haciendo dibujos, ya lo decía papá.” Te dices. Y, mientras, no paras de pensar en que has arriesgado tu puesto “seguro” para venir aquí a perder el tiempo.

¿Qué crees que ocurrirá?

Lo peor de todo es que, en el caso probable de que tu actitud y tu inseguridad te dejen fuera, te irías a casa pensando que es normal, porque no vales, porque nunca debiste arriesgarte…

Ese es el devastador poder de nuestros pensamientos negativos. En este ejemplo has visto: inseguridad, lenguaje negativo con uno mismo, comparación de uno con los demás, fijación en los elementos negativos, dejar que la mala opinión de otros sea más importante que nada más, infravalorarse a uno mismo e incapacidad para tomar decisiones y escapar de una rutina negativa.

Esa es una potente fórmula mata-sueños.

Ahora te animo a que tomes esta historia y, en tu mente, cambies el escenario por tu negocio de network marketing. ¿Cómo crees que iría?

Lo peligroso de pensar tan mal de uno mismo es que, además de perder tus oportunidades de éxito ahuyentando a las personas con las que podrías trabajar, comienzas a creerte que de verdad mereces que todo te salga mal. Peligroso para tu negocio, peligroso para tu salud y peligroso para tus relaciones personal.

No debes ceder a ni uno de esos pensamientos. Quizás por eso lo llaman higiene mental, por la importancia de mantener tu mente limpia de elementos dañinos, contaminantes

2

Cuando luchas por tu éxito, no luchas contra otros. No es una competición en la que tengas que derribar a tus oponentes y pasar por encima de ellos.

Se trata, más bien, de una lucha contra otros elementos. Y casi todos provienen de tu interior.

Es una lucha contra tu inseguridad, contra tus limitaciones autoimpuestas, contra tu zona de confort, contra las excusas… y, sobre todo, lo más importante, una lucha contra el miedo.

El miedo te roba los sueños. Los hace parecer inalcanzables o peligrosos. Te dice que estás mejor donde estás, porque al menos es un lugar que ya conoces y te dice que si te atreves a dar un paso fuera, te arriesgas a no conseguir lo que buscas y además perder lo que ya tenías.

Hace que te quedes en las situaciones que no te gustan y te hacen infelices, porque te hace pensar que lo que hay al otro lado de una decisión puede ser mucho peor.

Y piensas, ¿cómo puedo luchar contra el miedo?

El miedo parece despojarte de la esperanza y del valor. Pero no es así. Puedes seguir teniendo miedo y, aun así, elegir no escucharlo y tomar tus propias decisiones.

Se puede vencer y sólo tienes que aprender a usar las herramientas y las tácticas necesarias para dejarlo sin poder.

 

Usa la acción. Cuando estás ocupado (más que ocupado, activo y proactivo) el miedo no tiene la oportunidad de inundar tus pensamientos con sus lodos. Te sientes bien, estás moviéndote, haciendo cosas, logrando progresos.

 

Ten un plan B y muchos más. Ponte a imaginar tus peores miedos… sólo que esta vez, además de eso vas a concentrarte en imaginar cómo lo solucionarías. Cuando has conseguido trazar al menos un plan de contraataque (y cuantos más mejor) el miedo ya no tiene nada que hacer. ¡estás preparado para todo!

 

Visualiza tus resultados. Ahora que ya tienes un plan B para tu miedo, concéntrate también en ver cómo sería todo si, en lugar de ir mal, ¡va perfecto! Visualiza cómo logras tus resultados. No sólo te va a dar una motivación y va a servir de combustible para tu trabajo, sino que creas una energía positiva.

No existe lo imposible. A tu miedo le gusta pensar que hay cosas que no se pueden hacer y punto. Llévale la contraria todo lo que puedas.

 

Cuida tu lenguaje. Habla en positivo y no permitas que ninguna parte de tu mente te diga que eres incapaz o poco digno de tus éxitos. El lenguaje que usas tanto en las conversaciones con otros, como la que usas en tu cabeza contigo mismo, crean también el mejor “ecosistema” para que prolifere el miedo, o en su lugar, la autoconfianza. Así que evita ser negativo, tóxico, o juicioso con otros y contigo mismo.

 

Se dueño de tus errores. Tu cometes errores, como el resto de todos nosotros. Es necesario que seas consciente de que los cometes y los puedes cometer. Y cuando eso pase, sólo tendrás que corregirlos para evitar que el mismo error pase dos veces. Tu miedo se alimenta también de esto, te hace tener miedo a equivocarte, te hace querer ser perfeccionista hasta el punto de no ser sano. Hazte dueño de tus errores y también debilitarás al miedo.

 

Haz hoy algo que desafíe a tu miedo. Cada día es una oportunidad para hacer algo que le reste poder a tu miedo: ya sea probar algo nuevo, tomar un nuevo rumbo, hacer algo de una manera distinta a cómo la hacías siempre. Tu miedo se alimenta de la rutina y de tu indecisión. Así que este es un momento perfecto, como otro cualquiera, de hacer algo que deje a tu miedo fuera de juego.

0

Ya hemos hablado del seguimiento en otras ocasiones y hoy me quiero centrar en una situación que puedes encontrarte a menudo: llamas y te encuentras con un contestador automático. Como esperabas encontrar la voz real de una persona al otro lado, puede ser que dudes, te bloquees o decidas colgar para llamar más tarde.

No sabes si es que no puede coger el teléfono, lo está ignorando o está hablando con otra persona.

Bien, voy a darte una guía que te resolverá las dudas y te hará el proceso de seguimiento mucho más rápido y mucho menos incómodo en estas situaciones. Se trata de tener siempre un plan B.

Empecemos por el supuesto escenario, llamas y salta el contestador. En lugar de colgar, deja un mensaje en el que avisas que llamarás en otro momento. Mira tu agenda e intenta que sea el día siguiente sobre la misma hora si es posible. La otra persona debería oír el mensaje. Puede llamarte de vuelta o esperar a la hora acordada y esta vez, esperemos, si que contestará.

Si contesta, perfecto, aprovecha para decirle que dejaste el mensaje de voz dando la nueva cita porque entendiste que debió surgirle algo muy importante. Dilo con convicción, porque no tienes ninguna prueba de que no fuera así, de verdad podría haberle pasado. Si esa persona quiere compartir la razón de su ausencia o no es cosa suya, lo importante es que ya podéis como habíais acordado.

Pero, ¿y si no contesta?

Bueno, mantén la paciencia y los buenos modos. Puede que te esté ignorando, pero para ser justos, puede que realmente no pueda atender al teléfono. Si te encuentras por tercera vez con el contestador, en el siguiente mensaje de voz, en lugar de simplemente darle otra hora para hablar, pregunta si va todo bien y recuérdale que puede hablar contigo de otros asuntos que no sea el negocio, por si necesita algo de apoyo. No es cosa de ponernos en lo peor siempre, pero si de mantener una mente empática y abierta. No sabemos lo que ocurre en la vida de los otros. Dile que te haga saber si todo está bien.

Si la otra persona te devuelve la llamada, al menos significa que no quiere dejarte con la preocupación, o que entiende que no es muy profesional ignorar llamadas sin más si no hay una verdadera emergencia ocurriendo. Si no te llama jamás, bueno, sigue contactando con las demás personas de tu lista y marca en rojo ese teléfono, porque probablemente no vuelvas a saber más.

Consejo extra.

Si la persona a la que llamas SI contesta al teléfono, pero en al menos tres ocasiones seguidas te dice que no ha tenido tiempo de mirarlo, pensarlo, o que ese momento o esa semana le viene mal, y siempre te dice “hablamos la semana que viene”. Muy probablemente no vayáis a pasar de ese punto. Aprieta un poco o déjalo pasar.

1

Una de las cosas que pueden parecer terriblemente difíciles o frustrantes, aunque en realidad se trate de algo muy simple, son las llamadas de seguimiento.

De hecho, puedo decirte que es aquí donde algunos networkers empiezan a perder el entusiasmo y donde la confianza de muchos se pone a prueba para no superarla.

Pero se trata de una cuestión de práctica, de paciencia y, sobre todo, de mucha constancia. Es mucho más sencillo de lo que puede parecer, si te atienes a estos principios básicos y evitas caer en los errores más comunes.

Tranquilo, casi todo el mundo ha cometido alguno en algún momento, sólo necesitas darte cuenta y proponerte corregir tus hábitos.

 

No lo dejes pasar.

Uno de los peores hábitos que te van a hacer fallar y perder prospectos es el de posponer cosas, el de dejarlo “para luego”. No importa si estás ocupado, porque pocas cosas de tu rutina deberían ser más importantes que tomarte un rato para hacer seguimiento. Tiene que ser un hábito diario, no algo que dejas para cuando tienes una tarde libre.

Si a alguien le dijiste que le llamarías el martes, llama el martes a la hora que acordasteis.

Para evitar dejar una cita sin cumplir es bueno que tengas bien actualizada tu agenda, así que, si tienes un viaje programado o una reunión, no te comprometas por error a llamar en esos días. Y, si surge después de haberte comprometido a llamar, llama un poco antes para avisar y aprovechas para volver a conversar con esa persona.

 

No atosigues.

Una cosa es seguir y otra perseguir.

Imagínate un viaje largo en carretera. Llevas a tus hijos pequeños en el asiento de atrás que ya están aburridos de estar sentados y quieren salir a jugar, pero el viaje les parece eterno y cada cinco minutos o menos preguntan si falta mucho para llegar. Y al cabo de media hora, no puedes más, adviertes que el próximo que pregunte algo se quedará castigado sin poder jugar con la pelota el resto de la tarde.

Ellos no entienden que sea molesto, para ellos lo molesto es que aún estén sentados en ese coche sin saber cuánto tardarán en salir de él.

Pero lamentablemente, tú corres el riesgo de sonar igual que unos niños pequeños agobiados por el asiento de atrás. Sé honesto, lo has hecho.

Has llamado cada par de días preguntando si ya se había aclarado. Y la respuesta ha sido más o menos la misma siempre. Que si no he podido mirarlo, que si no he tenido tiempo de hablar con mi pareja sobre esto… si te cogen el teléfono.

La otra persona no lo tenía claro, pero tu manera de abordar el asunto no ha ayudado. Has sido inseguro, has presionado y se te ha notado una desesperación por obtener respuesta, como la de un niño por salir del coche. No sólo hace que te noten con poca seguridad, sino que también acabas siendo un tanto “pesado”.

En lugar de eso, ofrece alguna novedad que puedan interesarles, habla de expansión o de apertura de alguna zona y dale a la otra persona la posibilidad de formar parte de algo importante desde su creación. Hazlo sobre la otra persona, no sobre ti. Si no hay respuesta deja pasar un tiempo y vuelve a llamar cuando tengas otra cosa que ofrecer, una promoción, algo nuevo, y no preguntar qué ha decidido. Y siempre, siempre, hazte sonar como alguien emocionado y jamás como alguien que está perdiendo la paciencia.

 

Y, por supuesto, no insistas cuando es evidente que no va a ninguna parte.

Por muy bien que lo hagas todo, siempre va a haber personas que no saben decir que no, y sólo te dirán que puede, aunque sea que no. Es molesto, es poco honesto contigo, pero es aún peor para ellos mismos. Se quedan atrapados en una comunicación que no desean continuar y no saben cómo cortar. Y te roban tiempo que podrías estar usando en otras tareas o dedicándoselo a personas que si estén realmente interesadas o a las que tengas que guiar en sus primeros pasos.

Te encontrarás excusas o contestadores automáticos. Pero lo más sano para ambas partes es que taches su nombre de tu agenda en cuando veas que, realmente no se trata de alguien que tenga miedo a dar el paso, o que no sea su mejor momento. Si no de alguien a quien, de verdad, no le interesa nada, pero no tiene la iniciativa ni la prioridad de dejártelo claro.

2

Una parte importante de tu planificación es la visualización. Es también parte de la ley de la atracción que puedes usar para conseguir una vida más positiva y llena de éxitos.

Pero visualizar es mucho más que imaginar brevemente algo, visualizar es VERLO en tu mente, verlo de verdad, recrearte en esa imagen, estudiarla y asimilarla.

Así que, practica con estos consejos la manera de conseguir una visualización más completa y útil.

Lo primero es tener un espacio tranquilo.

Puede ser en tu propia habitación, siempre que estés sólo, o cualquier otro rincón de la casa. Pero es importante que no haya ruido ni te vayan a interrumpir. Si tienes la posibilidad, prueba a hacerlo al aire libre, por ejemplo, en el jardín o en un parque. Esa mezcla de tranquilidad y naturaleza te inspirará aún más.

Preparación.

Debes sentarte en una posición en la que vayas estar cómodo y no te distraiga o te haga querer cambiar la postura. Necesitarás estar un buen rato en esa posición y debe ser una de la que te olvides enseguida, porque el siguiente paso es vaciar tu mente.

Cierra los ojos, relájate y despeja tu mente. Una manera de poder hacer esto es concentrándote solamente en el ritmo de tu respiración, que debe ser pausada y profunda.

La visualización.

No sólo lo verás como un concepto, lo verás como un recuerdo nítido de algo que aún está por pasar. Visualiza el momento en el que alcanzas tu meta con todo lujo de detalles. ¿Dónde ocurre? ¿cómo te sientes? ¿Qué personas hay contigo? Puedes visualizar mucho más, incluso la ropa que llevas puesta, si hay música o hay personas hablando, cómo reaccionas a ese momento, etc…

Puedes anotar tu visualización en tu agenda o en tu diario y retomarla o expandirla el próximo día. Esa visualización te ayuda a seguir el plan con más detalles y con más determinación, además de atraer una energía muy positiva que servirá de impulsora de tus planes.

¡A visualizar!

0

La felicidad no es el final del camino, no es el premio final que debemos ganar. La felicidad es, en realidad, el estado de ánimo que debería ser el natural en todas las personas. Y es, además, una de las mejores herramientas para conseguir cumplir sueños, planes y hacer a otras personas felices también.

La felicidad es una materia prima con la que creamos miles de cosas maravillosas en la vida. Pero como materia que es, necesita espacio. Necesita un enorme espacio en el que poder crecer, en el que poder crear. Y ese espacio lo estamos llenando constantemente de otras cosas que no nos hacen ningún bien.

Ahora, si quieres hacer más espacio para que la felicidad pueda crecer y ayudarte a crecer a ti, tienes que liberarte.

De la opinión de los otros.

Vivir intentando cumplir las expectativas de otras personas y no las tuyas propias es una manera muy asfixiante de vivir. No te deja espacio para tus sueños, ni tan siquiera para respirar con tranquilidad en tu propia piel. Libérate de la necesidad de vivir según la opinión de otros y podrás ser libre para descubrir cómo quieres realmente vivir tu vida.

Del pasado.

El pasado ya ocurrió. Tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas, y no puedes querer refugiarte en las cosas buenas del pasado para no hacer frente al control de tu futuro. Ni puedes tirar constantemente de recuerdos negativos para impedirte tomar decisiones o avanzar. El pasado está ahí para saber de dónde venimos, ver el camino recorrido, aprender de lo bueno y de lo malo, pero sabiendo siempre que a donde tienes que mirar es hacia adelante, no hacia atrás.

Del miedo.

El miedo a “¿qué pasará si me equivoco?” el miedo a “¿y si no puedo dar la talla?” y todos esos miedos que se convierten en ansiedad sobre el futuro. Si te equivocas, aprenderás algo. Si no das la talla, es porque aún no estabas del todo preparado, no porque jamás lo vayas a lograr. Si, si… todas esas preguntas tienen su respuesta, y la respuesta es que no pasa nada. Porque pase lo que pase, siempre habrá otra oportunidad, otro día, y cualquier tropiezo solo sirve para fortalecerte. Deja de temer y comenzarás a experimentar, a crecer y a vivir.

De las críticas.

No puedes tener una vida positiva y feliz si tienes una conducta negativa y destructiva hacia a otros. Deja de juzgar y de criticar, y guarda esas energías para crear cambios positivos en tu vida y en la de aquellos que te rodean.

De las excusas.

No hay excusa que valga, hazte responsable de lo que haces y de lo que no haces. Si puedes cambiar algo, cámbialo.

De las lamentaciones.

Si tienes tiempo para quejarte de ello, tienes tiempo para buscar una solución. Activa la parte más positiva de tu cerebro, busca siempre las soluciones y tus problemas dejarán de existir porque ya no serán un problema, sólo un puzzle que resolver.

De las restricciones.

No sólo de los límites que te pones mentalmente con las inseguridades, sino también de las ataduras que te creas cuando decides tramar un plan que no tenga margen de cambio. De esas paredes que creas a tu alrededor cuando quieres que todo salga de una manera concreta y no te dejas a ti mismo ser flexible, cuando no te abres al cambio. Restringes tu camino a una sola línea recta cuando la vida es algo más grande y llena de infinitos caminos e intersecciones.

Libérate de todo eso y serás capaz de disfrutar mucho más de la vida y capaz de llevar cualquier proyecto a buen puerto. Dejarás de ver lo negativo en las situaciones y en las personas, tendrás una mente más creativa y resolutiva. Verás el mundo lleno de infinitas posibilidades que existe. Y serás más feliz y, como consecuencia, mucho más exitoso.

1