Categoría: Recomendaciones

Cuando luchas por tu éxito, no luchas contra otros. No es una competición en la que tengas que derribar a tus oponentes y pasar por encima de ellos.

Se trata, más bien, de una lucha contra otros elementos. Y casi todos provienen de tu interior.

Es una lucha contra tu inseguridad, contra tus limitaciones autoimpuestas, contra tu zona de confort, contra las excusas… y, sobre todo, lo más importante, una lucha contra el miedo.

El miedo te roba los sueños. Los hace parecer inalcanzables o peligrosos. Te dice que estás mejor donde estás, porque al menos es un lugar que ya conoces y te dice que si te atreves a dar un paso fuera, te arriesgas a no conseguir lo que buscas y además perder lo que ya tenías.

Hace que te quedes en las situaciones que no te gustan y te hacen infelices, porque te hace pensar que lo que hay al otro lado de una decisión puede ser mucho peor.

Y piensas, ¿cómo puedo luchar contra el miedo?

El miedo parece despojarte de la esperanza y del valor. Pero no es así. Puedes seguir teniendo miedo y, aun así, elegir no escucharlo y tomar tus propias decisiones.

Se puede vencer y sólo tienes que aprender a usar las herramientas y las tácticas necesarias para dejarlo sin poder.

 

Usa la acción. Cuando estás ocupado (más que ocupado, activo y proactivo) el miedo no tiene la oportunidad de inundar tus pensamientos con sus lodos. Te sientes bien, estás moviéndote, haciendo cosas, logrando progresos.

 

Ten un plan B y muchos más. Ponte a imaginar tus peores miedos… sólo que esta vez, además de eso vas a concentrarte en imaginar cómo lo solucionarías. Cuando has conseguido trazar al menos un plan de contraataque (y cuantos más mejor) el miedo ya no tiene nada que hacer. ¡estás preparado para todo!

 

Visualiza tus resultados. Ahora que ya tienes un plan B para tu miedo, concéntrate también en ver cómo sería todo si, en lugar de ir mal, ¡va perfecto! Visualiza cómo logras tus resultados. No sólo te va a dar una motivación y va a servir de combustible para tu trabajo, sino que creas una energía positiva.

No existe lo imposible. A tu miedo le gusta pensar que hay cosas que no se pueden hacer y punto. Llévale la contraria todo lo que puedas.

 

Cuida tu lenguaje. Habla en positivo y no permitas que ninguna parte de tu mente te diga que eres incapaz o poco digno de tus éxitos. El lenguaje que usas tanto en las conversaciones con otros, como la que usas en tu cabeza contigo mismo, crean también el mejor “ecosistema” para que prolifere el miedo, o en su lugar, la autoconfianza. Así que evita ser negativo, tóxico, o juicioso con otros y contigo mismo.

 

Se dueño de tus errores. Tu cometes errores, como el resto de todos nosotros. Es necesario que seas consciente de que los cometes y los puedes cometer. Y cuando eso pase, sólo tendrás que corregirlos para evitar que el mismo error pase dos veces. Tu miedo se alimenta también de esto, te hace tener miedo a equivocarte, te hace querer ser perfeccionista hasta el punto de no ser sano. Hazte dueño de tus errores y también debilitarás al miedo.

 

Haz hoy algo que desafíe a tu miedo. Cada día es una oportunidad para hacer algo que le reste poder a tu miedo: ya sea probar algo nuevo, tomar un nuevo rumbo, hacer algo de una manera distinta a cómo la hacías siempre. Tu miedo se alimenta de la rutina y de tu indecisión. Así que este es un momento perfecto, como otro cualquiera, de hacer algo que deje a tu miedo fuera de juego.

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Ya hemos hablado del seguimiento en otras ocasiones y hoy me quiero centrar en una situación que puedes encontrarte a menudo: llamas y te encuentras con un contestador automático. Como esperabas encontrar la voz real de una persona al otro lado, puede ser que dudes, te bloquees o decidas colgar para llamar más tarde.

No sabes si es que no puede coger el teléfono, lo está ignorando o está hablando con otra persona.

Bien, voy a darte una guía que te resolverá las dudas y te hará el proceso de seguimiento mucho más rápido y mucho menos incómodo en estas situaciones. Se trata de tener siempre un plan B.

Empecemos por el supuesto escenario, llamas y salta el contestador. En lugar de colgar, deja un mensaje en el que avisas que llamarás en otro momento. Mira tu agenda e intenta que sea el día siguiente sobre la misma hora si es posible. La otra persona debería oír el mensaje. Puede llamarte de vuelta o esperar a la hora acordada y esta vez, esperemos, si que contestará.

Si contesta, perfecto, aprovecha para decirle que dejaste el mensaje de voz dando la nueva cita porque entendiste que debió surgirle algo muy importante. Dilo con convicción, porque no tienes ninguna prueba de que no fuera así, de verdad podría haberle pasado. Si esa persona quiere compartir la razón de su ausencia o no es cosa suya, lo importante es que ya podéis como habíais acordado.

Pero, ¿y si no contesta?

Bueno, mantén la paciencia y los buenos modos. Puede que te esté ignorando, pero para ser justos, puede que realmente no pueda atender al teléfono. Si te encuentras por tercera vez con el contestador, en el siguiente mensaje de voz, en lugar de simplemente darle otra hora para hablar, pregunta si va todo bien y recuérdale que puede hablar contigo de otros asuntos que no sea el negocio, por si necesita algo de apoyo. No es cosa de ponernos en lo peor siempre, pero si de mantener una mente empática y abierta. No sabemos lo que ocurre en la vida de los otros. Dile que te haga saber si todo está bien.

Si la otra persona te devuelve la llamada, al menos significa que no quiere dejarte con la preocupación, o que entiende que no es muy profesional ignorar llamadas sin más si no hay una verdadera emergencia ocurriendo. Si no te llama jamás, bueno, sigue contactando con las demás personas de tu lista y marca en rojo ese teléfono, porque probablemente no vuelvas a saber más.

Consejo extra.

Si la persona a la que llamas SI contesta al teléfono, pero en al menos tres ocasiones seguidas te dice que no ha tenido tiempo de mirarlo, pensarlo, o que ese momento o esa semana le viene mal, y siempre te dice “hablamos la semana que viene”. Muy probablemente no vayáis a pasar de ese punto. Aprieta un poco o déjalo pasar.

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Una de las cosas que pueden parecer terriblemente difíciles o frustrantes, aunque en realidad se trate de algo muy simple, son las llamadas de seguimiento.

De hecho, puedo decirte que es aquí donde algunos networkers empiezan a perder el entusiasmo y donde la confianza de muchos se pone a prueba para no superarla.

Pero se trata de una cuestión de práctica, de paciencia y, sobre todo, de mucha constancia. Es mucho más sencillo de lo que puede parecer, si te atienes a estos principios básicos y evitas caer en los errores más comunes.

Tranquilo, casi todo el mundo ha cometido alguno en algún momento, sólo necesitas darte cuenta y proponerte corregir tus hábitos.

 

No lo dejes pasar.

Uno de los peores hábitos que te van a hacer fallar y perder prospectos es el de posponer cosas, el de dejarlo “para luego”. No importa si estás ocupado, porque pocas cosas de tu rutina deberían ser más importantes que tomarte un rato para hacer seguimiento. Tiene que ser un hábito diario, no algo que dejas para cuando tienes una tarde libre.

Si a alguien le dijiste que le llamarías el martes, llama el martes a la hora que acordasteis.

Para evitar dejar una cita sin cumplir es bueno que tengas bien actualizada tu agenda, así que, si tienes un viaje programado o una reunión, no te comprometas por error a llamar en esos días. Y, si surge después de haberte comprometido a llamar, llama un poco antes para avisar y aprovechas para volver a conversar con esa persona.

 

No atosigues.

Una cosa es seguir y otra perseguir.

Imagínate un viaje largo en carretera. Llevas a tus hijos pequeños en el asiento de atrás que ya están aburridos de estar sentados y quieren salir a jugar, pero el viaje les parece eterno y cada cinco minutos o menos preguntan si falta mucho para llegar. Y al cabo de media hora, no puedes más, adviertes que el próximo que pregunte algo se quedará castigado sin poder jugar con la pelota el resto de la tarde.

Ellos no entienden que sea molesto, para ellos lo molesto es que aún estén sentados en ese coche sin saber cuánto tardarán en salir de él.

Pero lamentablemente, tú corres el riesgo de sonar igual que unos niños pequeños agobiados por el asiento de atrás. Sé honesto, lo has hecho.

Has llamado cada par de días preguntando si ya se había aclarado. Y la respuesta ha sido más o menos la misma siempre. Que si no he podido mirarlo, que si no he tenido tiempo de hablar con mi pareja sobre esto… si te cogen el teléfono.

La otra persona no lo tenía claro, pero tu manera de abordar el asunto no ha ayudado. Has sido inseguro, has presionado y se te ha notado una desesperación por obtener respuesta, como la de un niño por salir del coche. No sólo hace que te noten con poca seguridad, sino que también acabas siendo un tanto “pesado”.

En lugar de eso, ofrece alguna novedad que puedan interesarles, habla de expansión o de apertura de alguna zona y dale a la otra persona la posibilidad de formar parte de algo importante desde su creación. Hazlo sobre la otra persona, no sobre ti. Si no hay respuesta deja pasar un tiempo y vuelve a llamar cuando tengas otra cosa que ofrecer, una promoción, algo nuevo, y no preguntar qué ha decidido. Y siempre, siempre, hazte sonar como alguien emocionado y jamás como alguien que está perdiendo la paciencia.

 

Y, por supuesto, no insistas cuando es evidente que no va a ninguna parte.

Por muy bien que lo hagas todo, siempre va a haber personas que no saben decir que no, y sólo te dirán que puede, aunque sea que no. Es molesto, es poco honesto contigo, pero es aún peor para ellos mismos. Se quedan atrapados en una comunicación que no desean continuar y no saben cómo cortar. Y te roban tiempo que podrías estar usando en otras tareas o dedicándoselo a personas que si estén realmente interesadas o a las que tengas que guiar en sus primeros pasos.

Te encontrarás excusas o contestadores automáticos. Pero lo más sano para ambas partes es que taches su nombre de tu agenda en cuando veas que, realmente no se trata de alguien que tenga miedo a dar el paso, o que no sea su mejor momento. Si no de alguien a quien, de verdad, no le interesa nada, pero no tiene la iniciativa ni la prioridad de dejártelo claro.

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Una parte importante de tu planificación es la visualización. Es también parte de la ley de la atracción que puedes usar para conseguir una vida más positiva y llena de éxitos.

Pero visualizar es mucho más que imaginar brevemente algo, visualizar es VERLO en tu mente, verlo de verdad, recrearte en esa imagen, estudiarla y asimilarla.

Así que, practica con estos consejos la manera de conseguir una visualización más completa y útil.

Lo primero es tener un espacio tranquilo.

Puede ser en tu propia habitación, siempre que estés sólo, o cualquier otro rincón de la casa. Pero es importante que no haya ruido ni te vayan a interrumpir. Si tienes la posibilidad, prueba a hacerlo al aire libre, por ejemplo, en el jardín o en un parque. Esa mezcla de tranquilidad y naturaleza te inspirará aún más.

Preparación.

Debes sentarte en una posición en la que vayas estar cómodo y no te distraiga o te haga querer cambiar la postura. Necesitarás estar un buen rato en esa posición y debe ser una de la que te olvides enseguida, porque el siguiente paso es vaciar tu mente.

Cierra los ojos, relájate y despeja tu mente. Una manera de poder hacer esto es concentrándote solamente en el ritmo de tu respiración, que debe ser pausada y profunda.

La visualización.

No sólo lo verás como un concepto, lo verás como un recuerdo nítido de algo que aún está por pasar. Visualiza el momento en el que alcanzas tu meta con todo lujo de detalles. ¿Dónde ocurre? ¿cómo te sientes? ¿Qué personas hay contigo? Puedes visualizar mucho más, incluso la ropa que llevas puesta, si hay música o hay personas hablando, cómo reaccionas a ese momento, etc…

Puedes anotar tu visualización en tu agenda o en tu diario y retomarla o expandirla el próximo día. Esa visualización te ayuda a seguir el plan con más detalles y con más determinación, además de atraer una energía muy positiva que servirá de impulsora de tus planes.

¡A visualizar!

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La felicidad no es el final del camino, no es el premio final que debemos ganar. La felicidad es, en realidad, el estado de ánimo que debería ser el natural en todas las personas. Y es, además, una de las mejores herramientas para conseguir cumplir sueños, planes y hacer a otras personas felices también.

La felicidad es una materia prima con la que creamos miles de cosas maravillosas en la vida. Pero como materia que es, necesita espacio. Necesita un enorme espacio en el que poder crecer, en el que poder crear. Y ese espacio lo estamos llenando constantemente de otras cosas que no nos hacen ningún bien.

Ahora, si quieres hacer más espacio para que la felicidad pueda crecer y ayudarte a crecer a ti, tienes que liberarte.

De la opinión de los otros.

Vivir intentando cumplir las expectativas de otras personas y no las tuyas propias es una manera muy asfixiante de vivir. No te deja espacio para tus sueños, ni tan siquiera para respirar con tranquilidad en tu propia piel. Libérate de la necesidad de vivir según la opinión de otros y podrás ser libre para descubrir cómo quieres realmente vivir tu vida.

Del pasado.

El pasado ya ocurrió. Tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas, y no puedes querer refugiarte en las cosas buenas del pasado para no hacer frente al control de tu futuro. Ni puedes tirar constantemente de recuerdos negativos para impedirte tomar decisiones o avanzar. El pasado está ahí para saber de dónde venimos, ver el camino recorrido, aprender de lo bueno y de lo malo, pero sabiendo siempre que a donde tienes que mirar es hacia adelante, no hacia atrás.

Del miedo.

El miedo a “¿qué pasará si me equivoco?” el miedo a “¿y si no puedo dar la talla?” y todos esos miedos que se convierten en ansiedad sobre el futuro. Si te equivocas, aprenderás algo. Si no das la talla, es porque aún no estabas del todo preparado, no porque jamás lo vayas a lograr. Si, si… todas esas preguntas tienen su respuesta, y la respuesta es que no pasa nada. Porque pase lo que pase, siempre habrá otra oportunidad, otro día, y cualquier tropiezo solo sirve para fortalecerte. Deja de temer y comenzarás a experimentar, a crecer y a vivir.

De las críticas.

No puedes tener una vida positiva y feliz si tienes una conducta negativa y destructiva hacia a otros. Deja de juzgar y de criticar, y guarda esas energías para crear cambios positivos en tu vida y en la de aquellos que te rodean.

De las excusas.

No hay excusa que valga, hazte responsable de lo que haces y de lo que no haces. Si puedes cambiar algo, cámbialo.

De las lamentaciones.

Si tienes tiempo para quejarte de ello, tienes tiempo para buscar una solución. Activa la parte más positiva de tu cerebro, busca siempre las soluciones y tus problemas dejarán de existir porque ya no serán un problema, sólo un puzzle que resolver.

De las restricciones.

No sólo de los límites que te pones mentalmente con las inseguridades, sino también de las ataduras que te creas cuando decides tramar un plan que no tenga margen de cambio. De esas paredes que creas a tu alrededor cuando quieres que todo salga de una manera concreta y no te dejas a ti mismo ser flexible, cuando no te abres al cambio. Restringes tu camino a una sola línea recta cuando la vida es algo más grande y llena de infinitos caminos e intersecciones.

Libérate de todo eso y serás capaz de disfrutar mucho más de la vida y capaz de llevar cualquier proyecto a buen puerto. Dejarás de ver lo negativo en las situaciones y en las personas, tendrás una mente más creativa y resolutiva. Verás el mundo lleno de infinitas posibilidades que existe. Y serás más feliz y, como consecuencia, mucho más exitoso.

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Tú y yo ya hemos hablado de la necesidad de ponernos una mentalidad positiva en las cabezas. Esa necesidad es por una razón: el éxito requiere esfuerzo, y el esfuerzo necesita de un buen ánimo y de una visión objetiva y calmada para poder reaccionar cuando un reto se resiste.

Se trata de cambiar el chip para que, cuando aparezca un problema vayas directamente a pensar en la solución en lugar de como te hace sentir o los efectos negativos que tendría en tu vida. Esos efectos negativos no tienen por qué existir si trabajas enseguida en buscar la solución.

Se trata, sobre todo, no de ignorar las cosas que no van bien, sino reconocer cómo irían mejor. La positividad no es más que un realismo orientado a la mejora constante. Un realismo feliz y constructivo.

Como he escrito al principio, tu y yo ya hemos hablado de esto: maneras de ganar energías y positividad. Y seguro seguiré hablando del tema porque es imprescindible no perder esta mentalidad y también lo es aprender nuevas formas de ganarla y potenciarla.

Pero, en realidad, hoy no iba a hablar tanto de como instaurar la mentalidad positiva, sino actuar para mantenerla.

Uno de los factores más importantes, que crean una gran influencia en tu vida, es tu entorno. La gente que te rodea y las personas con las que pasas más tiempo, poco a poco pueden transformar tu mente. Por eso, además de incorporar los cambios para rutinas positivas y que ayuden a crear la mentalidad necesaria, es bueno que animes a las personas que te rodean a que compartan ese viaje en el desarrollo personal contigo, incluso si tienen metas y ambiciones muy distintas. Lo haces por ello, pero también lo haces por ti.

Si no puedes ayudar a esas personas, tienes que pensar que tal vez tengas que limitar tu tiempo con ellos. ¡Eso no quiere decir que cortes relación con ellos! No, no te lo tomes tan drásticamente.

Puede ser gente que adores, aunque no compartas sus ideas, puede ser gente que involuntariamente te echen a bajo tus planes con su negatividad o con un exceso de protección, pero que lo hagan con toda su buena fe.

Tú debes valorar qué relación tienes con esas personas, y si son personas importantes para ti, deben seguir siéndolo. Pero en tu camino al éxito, si mantienen comportamientos o pensamientos negativos, tendrás que limitar algo el tiempo que pasas con ellos y, tal vez, no hablar demasiado de tus proyectos, hasta que estés en el buen camino.

Si ellos no quieren cambiar, no podrás insistirles. Pero también ocurre que, cuando ven lo que el cambio ha hecho contigo y con tu vida, son más propensos a creer y querer sumarse a ese cambio, al desarrollo, a la mentalidad y hasta a los riesgos.

Así que, ya sabes. Controla con quién pasa más tiempo, no tienes que sacrificar ninguna relación, sólo administrarla mejor. Intenta pasar más tiempo con gente que tenga la mentalidad positiva orientada al éxito, y no pierdas nunca la fe: a veces la señal aparece, hasta para los más negativos, de que el cambio es necesario y que la felicidad empieza desde dentro.

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Jorge Bucay es un escritor y terapeuta argentino. Él mismo se define como “ayudador profesional” y mediante sus conferencias como con sus libros y sus pequeñas historias ofrece herramientas para que nosotros mismos podamos ayudarnos, sanarnos, y elevarnos.
Uno de sus más conocidos cuentos se llama “Las Alas son para volar”, y trata sobre los riesgos que debemos tomar en la vida, y cómo cuando nos contenemos es cuando más probabilidades de fallar nos encontramos. Pero… Mejor os lo comparto.

Cuando se hizo mayor, su padre le dijo:

-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.

-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.

-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
– ¿Ves hijo? este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte
aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las
alas y volarás…

El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?

-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo a ver a sus amigos, a sus compañeros, aquellos con los que había caminado toda su vida.

Los más estrechos de mente dijeron:
-¿Estás loco?

-¿Para qué?

-Tu padre está medio loco…

– ¿Para qué necesitas volar?

– ¿Por qué no te dejas de tonterías?

-Y, además, ¿quién necesita volar?

Los mejores amigos también sentían miedo:
– ¿y si fuera cierto?

– ¿No será peligroso?

– ¿Por qué no empiezas despacio?

-Prueba a tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol, pero… ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó…desplegó sus alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas, pero desgraciadamente, se precipitó a tierra.

Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di! No soy como tú. Mis alas son de adorno… – lloriqueó.

-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en un paracaídas: necesitas cierta altura antes de saltar.
Para volar hay que empezar asumiendo riesgos.
Si no quieres, lo mejor quizá sea resignarse y seguir caminando como siempre.

En esta historia, vemos cómo lo que peor pudo hacer el hijo es escuchar a aquellos que le decían que no sería capaz, por eso asume un riesgo muy bajo y sin creer en él o suficiente. Aquí Bucay nos habla también del miedo a lo nuevo, a los cambios y cómo muchas personas infunden ese miedo en los otros.
Al final, si quieres volar tienes que desplegar las alas, confiar en tus posibilidades y ser nosotros mismo, tomar nuestras propias decisiones y no dejar que nos invadan los miedos de aquellos que jamás lo han intentado siquiera.

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Buscar el éxito y trabajar por alcanzarlo puede verse normalmente como un proceso lleno de estrés. Puede serlo, sin duda, si lo hacemos de una manera en la que nos enfocamos solamente en unos resultados olvidando todo lo demás.

Cómo he dicho en numerosas ocasiones, la felicidad no es la meta sino el camino. Por eso, conseguir el éxito conservando una buena paz mental no es que sea compatible, es que puede ser la mejor opción para conseguirlo de verdad.

Esa paz mental que necesitamos alcanzar para lograr nuestros objetivos de una manera mucho más sana y también mucho más permanente, se puede conseguir con meditación, con trabajar en una mentalidad positiva, pero también es un proceso en el que tenemos que quitarnos un peso de nuestras mentes. Piensa en ese peso como rocas almacenadas en una mochila o un bolso que llevamos a cuesta, entremezcladas con otras cosas que si necesitamos, como conocimientos, técnica, planificación… Pero esas piedras nos hacen ir más lento, nos cansan, nos frenan y hasta hacen que perdamos más tiempo a la hora de encontrar en el bolso lo que de verdad hacía falta.

Hay que deshacerse de esas piedras y aligerar nuestro peso. Así es como encontramos esa paz mental.

Piedra número 1: Miedo.

Ha habido momentos en los que el miedo pudo ser útil, pero ya sólo estorba. Te retiene, te paraliza y te hace tomar decisiones que, a la larga, te das cuenta de que fueron las peores y las menos meditadas. Lo que tiene el miedo es que no importa cuántas veces tires esa piedra por el camino, siempre puede volver a aparecer. Pero debes aprender a reconocerlo y deshacerte de él.

Piedra número 2: Ira.

Este sentimiento aparece con la frustración. Y la frustración fácilmente aparece con todos esos contactos que te han dado largas, que no devolvieron una llamada, con las horas que has echado esta semana o este mes de las cuales no ha cundido suficiente. Y la ira te conduce muy pronto a querer dejarlo todo, o simplemente está dificultándote continuar porque se refleja en las conversaciones que tienes y asusta a las personas. Evítalo. Recuérdate que no todo va bien todo el tiempo pero que cuanta más negatividad recojas, peor favor le haces a tu negocio.

Piedra número 3: Comparaciones.

Esta es una muy pesada. Quieres ser como tal networker, o quieres tener mejores tarjetas que aquel otro, o piensas que tus presentaciones no son tan buenas como las de otra persona. Esto solo te hunde. Te impide ver lo realmente bueno que eres por tus propios méritos y lo que hay de especial en la forma en la que haces las cosas.

Piedra número 4: Juicios.

Juicios o prejuicios. Eso que nos empuja a asumir por los otros en lugar de escucharlos y ponernos en su lugar. Para tener éxito en esta industria tienes que tener la mente abierta, no solo para los nuevos modelos de negocios, sino también para las personas, para sus situaciones, sus vidas, sus necesidades. Debes erradicar todo lo que crees que sabes de las personas de tu mente y abrirte conocerlas antes de creer que sabes algo sobre ellas. Esto no sólo te ayudará en tu negocio, también en las relaciones personales y en tener una paz mental despejada del ruido que genera asumir por otros.

Piedra número 5: Competición.

No tienes que competir contra nadie ni contra nada, cómo mucho contra tus propias limitaciones. Es un trabajo de equipos y las competiciones y los egos hacen más daño que bien en este entorno.

Por supuesto, no olvides disfrutar de cada día, meditar y llevar un diario de agradecimiento en el que reflejes todas las cosas buenas que has ganado o experimentado a lo largo del día. Tu camino hacia el éxito será más ligero, más pacífico y feliz.

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Cada minuto de nuestro día es un minuto que debemos saber aprovechar. No dejar que se nos escape de ninguna manera, ya sea para nuestro negocio o para dedicarlo a aquello que nos hace feliz, como la familia, los amigos… Lo ideal es que tu día te permita hacer de todo un poco: trabajar y hacer crecer tu negocio, disfrutar de la compañía de los tuyos, invertir tiempo en tu desarrollo personal e incluso en alguna afición.

Tu felicidad depende de un buen equilibrio entre todas esas partes que dan forma a tu vida diaria. Y aunque dedicarle mucho, pero que mucho esfuerzo y tiempo a desarrollar tu negocio es muy importante para tus metas, no existe éxito sin felicidad y no existe felicidad sin equilibrio.

Planificación. La base principal de esto consiste en una buena planificación. Planificar desde bien temprano o incluso desde la noche anterior cómo vamos a utilizar el tiempo de nuestro día. Ya debes tener algunas metas y pequeños objetivos que puedas fraccionar. Es importante marcarte una pequeña meta diaria para que cada día tu progreso sea visible.

Prioridad. Debes separar lo que es realmente importante de lo que es urgente. De las tareas que te dan un progreso de las que sólo se interponen. A veces es difícil entender la diferencia entre urgente e importante y las combinaciones posibles de ambos. Simplemente valora qué te aporta a tu día o a largo plazo lo que vas a hacer, y si tienes que sacrificar algo más o menos valioso por ello.

Valora tu tiempo. A veces tendemos a aceptar compromisos, tareas, y demás, que no nos vienen bien, ni siquiera nos convienen o no podemos asumirlas. Eso lo hacemos porque no valoramos realmente nuestro tiempo o por miedo a que los demás crean que no somos realmente competentes. Hay que entender que nadie hace magia con su tiempo, y que poder abarcarlo todo es un proceso que implica tanto una buena administración, como aprender a seleccionar qué tareas nos ayudan y cuáles no. Y aprender a decir “no” a aquellas que no nos convienen.

Cada cosa en su momento. Algo que nos puede ayudar mucho es dedicar momentos específicos del día a tareas específicas. Quizás esa organización cambie de un día para otro, sobre todo porque en el Network Marketing no tenemos un horario. Pero reservarte un tiempo para encargarte de algo y centrarte por completo en ello es la mejor manera de aprovechar el tiempo.

Menos interrupciones. Siempre las vas a tener. Aprende a convivir con ellas y a manejarlas de manera en que no destrocen toda tu planificación.
Nada de distracciones. Estas son las que te buscas tú mismo. Malos hábitos, cosas que te desenfocan. Lo que se llama perder el tiempo.

Medita. Si, en realidad es una manera de aprovechar tu tiempo también. Porque puedes usar ese rato para hacer un análisis del día, de lo que has llevado bien y lo que no has llevado tan bien. Y cómo corregirlo la próxima vez. Es importante que lo veas de manera positiva y te centres en lo conseguido con éxito y en las formas de mejorar tu sistema para organizar tu tiempo.

¡Y a sacarle todo el provecho a cada día!

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Puede que tu camino hacia tus sueños acabe de comenzar y estés dando los primeros pasos en tu propia aventura empresarial. En estos momentos todo es incierto, con mucha emoción y un tanto de miedo.
Pero antes que tú, muchas otras personas se han enfrentado a esos primeros pasos y de la experiencia colectiva se pueden sacar algunos conceptos, consejos e ideas que, si interiorizas ahora, te pueden guiar feliz y seguro hasta tu meta.

1. Pasión. Pasión por tu trabajo o pasión por las razones que te mueven a hacer tu trabajo, por la recompensa que sabes que vas a obtener de ese trabajo. Vive y trabaja con pasión, y trata de disfrutar de todo el camino.

2. Aprendizaje. Aprender cosas nuevas te mantiene siempre motivado, siempre renovado, alejado del peligro de quemarse y preparado para nuevos retos.

3. Práctica. No existe ninguna otra manera posible de que puedas ser realmente bueno en algo sin la práctica. Así que no debes frustrarte por los malos comienzos sino aceptar que podrás ir a mejor.

4. Comparación. Siempre habría alguien que parezca tener más que tu o hacer las cosas mejor. Trata de aprender lo que puedas de esa persona, pero nunca te compares y te hagas sentir mal por ello. Debes aprender a competir sólo contigo y querer mejorar sin establecerte estándares rígidos o querer convertirte en esa otra persona.

5. Críticas. Son necesarias para mejorar, pero debes aprender a separar las que te serán útiles de las que sólo buscan la destrucción.

6. Comunidad y equipo. El éxito raramente llega cuando uno lo busca en solitario y se aísla de los demás. La diversidad de pensamientos, de formas de ser y de afrontar una situación convierten a los equipos en grandes mentes creativas con soluciones para todo.

7. Equilibrio. Defender tus ideas es tan importante como saber aceptar las de los otros. Decir si y ser positivo te lleva lejos, pero por tu bien, aprende también a decir no cuando sea necesario. La perseverancia es clave, pero ante determinadas situaciones (como una persona con la que sabes que nunca vas a poder llegar a un acuerdo) es mucho más sano saber cuándo retirarse.

8. Positividad. Piensa en lo que, si quieres, no en lo que no quieres. Trabaja mirando las posibilidades y enfocándote en las soluciones. Deja que en tu camino haya alegría y ganas de comerse el mundo, y no dejes hueco al miedo


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