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A veces van a pasar cosas que no esperabas y que no querías que pasaran. No hablo de grandes tragedias o irrecuperables pérdidas personales. Para eso está claro que nada nos prepara lo suficiente, ni podemos evitarlas por completo.

Pero hay cosas mucho menos importantes que constantemente dejamos que nos afecten.

Inconvenientes, planes que salen mal, aviones que se retrasan, el atasco en la carretera, el teléfono se queda sin batería, alguien perdió un papel que necesitabas…

Pequeñas cosas. Casi siempre con solución.

Y van desde lo más insignificante hasta las más frustrantes. Pero no dejan de ser cosas sin importancia.

Deja que te explique por qué debes cambiar radicalmente tu visión de estos pequeños eventos.

Cada vez que le das más importancia de la normal, cada vez que te obsesionas y no dejas de pensar em que algo insignificante salió mal, estás creando una turbia y negativa energía a tu alrededor. Creas el ambiente perfecto para que más cosas sigan saliendo mal: no sólo no te centras, estás de mal humor, comienzas a ser desagradable con los que te rodean… y atraes más negatividad.

Si valoras de manera muy fría, ni siquiera ya de manera positiva, lo que acaba de ocurrir y las implicaciones reales, vas a ver que en realidad era algo que se solucionará más tardes, o que ya tenía una fácil solución en el momento.

Que las cosas no salgan bien a la primera tampoco significa que no vayan a salir bien nunca, sólo que debes intentarlo de otra manera.

Pero afrontar la vida con una visión positiva no es sólo darte cuenta de que en realidad tampoco era para tanto, sino estar abierto a que no todo siempre saldrá milimétricamente como lo habremos planeado. Ser capaces de adaptarnos y no perder nuestra sonrisa y nuestra motivación por ello.

Disfruta de cada día y no dejes que pequeñas perturbaciones en tus planes te lo arruinen. Además de vivir con mucha más calma y buen humor, estarás atrayendo más positividad a tu vida.

Por eso, recuerda: la vida es solo una pequeña parte lo que ocurre, y una mayor parte cómo reaccionas ante ello.

Te dejo un video realmente inspirador para que comprendas hasta donde llega la ley de la atracción.

 

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La velocidad a la que tu equipo crece, se desarrolla, sube de nivel y genera ventas depende de ti. Tú vas a marcar la velocidad, pero también la potencia.

Puede ser un paseo en bici, o puede ser un tren de alta velocidad dispuesto a recorrer un país entero en cuestión de horas.

Puedes crear un despegue lento o uno rápido para tus nuevos miembros.

Y sea cual sea el ritmo que escojas estará bien mientras tengas en cuenta lo siguiente:

Que no pare de moverse. Y para ello, tu no debes parar.

Tu equipo se fija en ti, tú eres su principal ejemplo e inspiración, y es tu responsabilidad mantener el ritmo para el resto del equipo. Mantener el movimiento empezando por ti.

Sin embargo, a la hora de tratar con tu equipo, siempre debes recordar que no eres un jefe, no eres una figura autoritaria que deba exigir que mantengan el ritmo por medio de la imposición. Es también tu responsabilidad estar para ayudarles en el principio, cuando debes hacer un esfuerzo extra para impulsarlos hasta que ellos adquieran su propia velocidad. Pero también estarás para ellos más adelante, como compañero, como alguien con quien puede contar en todo momento.

Desde arriba, hasta más abajo, todo tu equipo necesitará tu ayuda en un momento u otro.

Cómo líder, no debes relajarte demasiado y desentenderte del equipo, ni dejar que otros bajo tu responsabilidad lo hagan. Aunque la barra que señala nuestras ambiciones personales está más alta para unos que para otros, y es algo perfectamente normal y entendible, lo que debe estar siempre igualado es el nivel de compromiso que tenemos con los miembros de nuestro equipo.

Cada persona a la que ayudes a obtener resultados, es un miembro poderoso más en un equipo cada vez más poderoso.

También debes recordar que un líder nunca deja de aprender. Los nuevos conocimientos que ganas te ayudarán a mantener siempre un equipo activo y exitoso. Lo que aprendes lo transmites, y siempre mantienes mentes abiertas y una visión fresca y actualizada de todo.

Al final de todo, estar siempre para tu equipo no significa que tu equipo dependa para ti de todo. Sino que seas capaz de construir un equipo fuerte, pero que no dude en consultarte, que siempre sepa a donde a acudir, pero que cada vez lo necesite menos. Un equipo de líderes que sea capaz de hacer por otros lo que tú has hecho por ellos. Dejarlos volar, triunfar… Pero sin llegar a abandonarlos.

Después de todo, tu seguirás marcando el ritmo para todos, y siendo alguien cercano, visible y activo, es la mejor manera de liderar hacia adelante y sin pausas.

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Te digo esto y quizás me digas que ya lo sabes. Es algo obvio. Pero, ¿Sabes lo que implica realmente?

Lo que quiero decir es que un líder, como ser humano que es, es imperfecto. Y esa imperfección es natural, es normal, es aceptable.

Debes desterrar de tu cabeza la idea de que para ser un buen líder debes convertirte en alguien que para empezar no eres y, para terminar, nadie lo es.

Cómo líder, debes tener también libertad de ser tú. Una versión cada vez más mejorada mediante tiempo, desarrollo y experiencia, pero siempre tú. Sin reprimir lo que sientes y sin impedirte tener tus días malos y tus días buenos.

Simplemente asume tu responsabilidad para mejorar aquello que puedas, o date tiempo para recargar tus pilas.

Cómo líder, tendrás visión y tendrás tus metas. Pero tiene mucho más valor y es mucho más realista ser capaz de adaptarte a un cambio de planes, o ser capaz de analizar tu camino sobre la marcha y entender si debes cambiar algo.

Si te has equivocado en algo no pasa nada, nadie te pedirá que sepas las respuestas a todo desde que comienzas tu planificación.

No eres infalible. Nadie es infalible. Está bien… Y serás capaz de lograr muchas más cosas si tienes la mente abierta a ello, si dejas de agobiarte pensando en que no debes fallar ni un solo paso.

Pase lo que pase, hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que lo habría hecho de otro modo, quizás lo hagas mejor, quizás lo hagas peor, quizás encuentres una mejor manera… Pero lo harás a TÚ MANERA.

Eres una persona real. Con defectos, con sentimientos, con opiniones, con experiencias… Eres una persona con sueños, una persona dispuesta a retarse. Al ser un líder no necesitas ser perfecto, sólo necesitas hacer las cosas con corazón y poniendo un interés genuíno en seguir aprendiendo.

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Decir que el éxito es un estado mental va más allá de estar a gusto con uno mismo y saber apreciar los pequeños éxitos del día a día. Si es cierto que tiene mucho que ver con saber frenar una frustración que en muchas veces te puede impedir ver lo que sí has logrado.

Pero lo realmente importante del “éxito mental” es lo siguiente:

El éxito no te dará la felicidad, sólo te proporciona mayor libertad para vivir tu felicidad. Sin embargo, sólo la felicidad te puede proporcionar el éxito verdadero.

Esto que te cuento puede parecerte la mayor trampa de todas ahora mismo: “¿Cómo voy a ser feliz si no logro lo que quiero?”

Bien, es que la felicidad no es cuestión de logros. La felicidad no se consigue sumando puntos, comprando chismes ni ganando posiciones. De hecho, puedes heredar una fortuna hoy y que tu infelicidad la destroce en pocos días.

¿No has oído ninguna historia de alguien que aparentemente lo tenía todo, pero no estaba bien? Esas cosas pasan.

El éxito mental es encontrar esa felicidad tuya y ponerla a servicio de tus planes de vida. Son dos elementos separados pero que trabajando en armonía consiguen algo realmente asombroso.

¿Y qué es realmente la felicidad?

Crees que es ese estado de euforia que tienes cuando consigues algo que buscabas, pero es mucho más. Es un completo entendimiento de ti mismo, de tus motivaciones. Es saber apreciar las pequeñas cosas. Es, también, aprender a expulsar comportamientos y pensamientos tóxicos de manera que nuestra mente sea más como un jardín hermoso, cuidado, donde todo crece y florece. Las ideas, los planes que se convertirán en hechos…

 

Ese tipo de felicidad no tiene nada que ver con el conformismo. Te prepara para ver de qué eres capaz, que puedes lograr, no te retiene en una zona de confort.

También te hace ver qué es importante y qué no. Qué es algo que merece la pena y qué sólo te distrae de tus metas.

Cuando logras ese estado mental, nada te parecerá imposible. Y si no es imposible, ¿Por qué no lograrlo?

Pero para llegar hasta eso, debes aprender más de ti mismo.

Es un trabajo exhaustivo. Es el mayor esfuerzo que vas a tener que hacer para lograr el éxito en cualquiera de las áreas de tu vida. Porque este éxito mental no sólo te lleva a un éxito profesional, sino al ÉXITO, con mayúsculas, en todo lo que te propongas.

Debes estudiarte a ti mismo con tanto ahínco o más, que como estudiarías para ser un buen profesional. Debes leer, abrir tu mente, escuchar tus sentimientos y entender de dónde vienen tus sueños y por qué a veces tu mente se llena de malas voces que machacan tus ilusiones.

Debes aprender a disfrutar de cada día, y al mismo tiempo, aprovecharlo al máximo para construir la mejor versión de ti mismo.

Debes enfrentarte a la frustración, aprender a que deje de hacerte daño. Ganar paciencia y dejar de esperar una gratificación instantánea para verte capaz de seguir adelante.

Así creas una mentalidad de éxito sana, paciente, optimista, inconformista y feliz, capaz de todo.

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La ley de atracción es esa fuerza del universo que despertamos con nuestros sentimientos y nuestros pensamientos. Tus pensamientos positivos generan energías positivas que atraerán hechos positivos.

Comienza a vivir con la ley de atracción en tu vida y consigue darle un cambio radical, un giro hacia tus sueños y tus metas.

Aprende más sobre la ley de atracción. Lee sobre ella y date cuenta de la importancia que tiene en tu vida y de cómo ha podido estar afectando a ella hasta ahora.

Acepta que tú eres el único autor de tu destino, y que tus pensamientos y tus acciones tienen un impacto en tu mundo. Así también aprenderás a controlar que clase de energía quieres que impacte en tu vida y a generar esa energía.

Descubre qué es lo que realmente quieres en la vida, porque hasta que no lo sepas, no vas a poder a traerlo. Una meta bien clara es siempre el principio del camino. Es importante que no pierdas ese “algo” que deseas de vista. Puedes crear refuerzos visuales, apuntarlo en notas… y toma un momento de cada mañana para reafirmarte en tu decisión y en tu deseo.

Deshazte de los malos pensamientos. Sabes que la negatividad atrae negatividad. Así que cuando un pensamiento negativo y destructivo asalte tu mente, combátelo con positividad y la visión de tu meta.

Inspírate. Tu visión no tiene porqué ser un plan cuadriculado, así que permite que las ideas que te resulten enriquecedoras o inspiradoras formen parte de tu plan y de tu visión.

Cuídate. Parte de la ley de atracción es mantener una mente sana y un cuerpo sano: ambas cosas te proporcionan buenas energías.

Crea energía positiva a tu alrededor. Eso significa también crear positividad en tus acciones con otros, tratando siempre con respeto e inspirándoles a tener tu actitud.

Y trabaja en tu meta. Puedes atraer las energías más positivas del universo, pero si no te levantas del sofá y te pones a trabajar en tu meta, tampoco lograrás que ocurra.

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La salud, la felicidad y el éxito están completamente entrecruzados en nuestra vida. Potenciando unas áreas de tu vida, estarás potenciando también otras. Así que, en tu camino hacia el éxito, nunca te olvides de hacerlo de manera sana, de manera positiva…

Es tan simple como adquirir hábitos para hacerte más sano, más feliz, más productivo… Y en general, más exitoso.

  • Desayuna siempre y evita darte atracones o picotear cosas poco sanas. Empieza la mañana con las energías cargadas y con un buen equilibrio.
  • Come más sano, tu cuerpo y tu mente lo agradecerán. Hay demasiadas cosas tóxicas que tomamos que nos hacen sentirnos más cansados, aunque creas que satisfacen más.
  • Bebe más agua. ¿Has observado si eres capaz de beber al menos 8 vasos de agua al día? Más hidratación también significa más vitalidad y más concentración.
  • Ríe siempre que puedas y sonríe a otros.
  • Aprovecha los días desde temprano y da un paseo desde que haya luz en la calle. Es una forma natural y sana de “cargar las baterías”.
  • Prueba cosas nuevas, sal de tu zona de confort a menudo.
  • Nunca estás, realmente, demasiado ocupado como para que no puedas parar a comer de forma sana, estar para los tuyos o hablar con quién necesite unas palabras tuyas.
  • Deja de compararte con otros. No eres como nadie más y nadie más es como tú.
  • Sé organizado y ordenado. Los espacios bien ordenados ayudan a la claridad mental, y poder encontrar algo en pocos segundos ayuda a ahorrar tiempo.
  • Duerme bien: ni mucho, ni poco. Y aprende a despertarte de forma natural, sin despertador tras unas horas de sueño fijas. Tardarás mucho menos en estar activo y despejado cada día una vez lo logres.
  • Preocúpate menos por las cosas que no puedes arreglar, y preocúpate menos por las cosas que sí puedes arreglar: esas simplemente las arreglas.
  • Prueba a escuchar más y a no interrumpir jamás a otros.
  • Hay momentos en los que tienes que apagar el teléfono.
  • Y disfruta más de los pequeños momentos y las pequeñas alegrías cotidianas.
  • Consiéntete un poco de vez en cuando, date un regalo en momentos especiales.
  • Piensa en positivo y habla en positivo.
  • No seas cruel con otros ni los juzgues.
  • Haz cada día algo por tu meta, y cuanto más temprano hagas lo más importante o lo más difícil, mejor.
  • Y, sobre todo, nunca dejes de soñar.
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Hace hoy exactamente 11 meses desde que se anunció que había alcanzado el rango de Diamante Azul. Un momento de mucha satisfacción, de mucho orgullo, de felicidad.

Un honor, de hecho.

El camino desde el Diamante al Diamante Azul fue pausado y a la misma vez lleno de emociones. Pero lo más importante es que fue un camino de autodescubrimiento.

Y hoy, justamente 11 meses desde que mi ascenso hasta el Diamante Azul fuera anunciado, puedo compartir con todos vosotros, con mucha felicidad, que he conseguido llegar hasta el Diamante Negro. El honor se hace aún mayor.

 

Esta meta es una muy especial y es difícil poder expresar todo lo que significa.

Es una de las más difíciles etapas, pero eso no es lo mismo que imposible. Ha sido el fruto de un trabajo duro y constante, en mi misma y en mi negocio, en mi equipo. Es también el producto de haberme rodeado de las personas correctas, las mejores personas, del mejor equipo. De trabajar codo con codo con los más asombrosos líderes, a los que agradezco y admiro tanto.

Y es el resultado de haber siempre mirado a la vida y a los retos con la actitud necesaria, positiva y constructiva.

Este rango también significará retos nuevos, así como nuevas y mayores responsabilidades, a las que doy la bienvenida con una sonrisa.

Ha sido casi un año trabajando en esta particular meta y no la veo como el final del camino, sino una señal luminosa y resplandeciente de que se ha logrado mucho, pero que aún quedan muchas metas por cumplir, mucho trabajo por hacer.

El diamante negro, en la naturaleza, no causa brillo ni refleja la luz. Pero en este caso, mi diamante negro brilla muchísimo. Con una luz muy intensa y clara. Ha sido un faro para mi durante mucho tiempo, señalándome el camino, y va a ser iluminándolo desde ahora, para que siga trabajando por mi equipo, para que cada vez más y más de mis compañeros encuentren la satisfacción y la transformación vital de llegar a ser diamantes, diamantes azules, diamantes negros…

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Si ya estás trabajando por cambiar tu vida y estás en pleno proceso de ir a por tu meta, estas reglas te serán mucho más que útiles, te serán de necesidad vital.

Son las reglas que debes autoimponerte para mantener el viento soplando en las alas de tu embarcación, para mantener funcionando el motor que te impulsa por la carretera hacia el éxito.

Regla número 1: Trabaja sin parar.

Bueno, claro que puedes parar, descansar, tener tiempo para tu familia y todas esas cosas. Pero una de las cosas más importantes para impulsar tu negocio es que dediques muchas horas y mucha constancia en los primeros meses. Esta es la parte en la que te estás forjando como networker y en la que estás descubriendo cómo eres en el negocio. La acción masiva puede verse como algo agotador, pero es necesario en el proceso y te ayudará a tener resultados antes.

Regla número 2: Si confías en ti, ya hay al menos una persona que lo hace.

No debe importante demasiado si te dicen que no tienes lo que hay que tener o que no sólo tienes pajaritos en la cabeza. Confía en ti mismo, confía en que si algo no se te da bien es porque aún tienes que aprender más, y que si algo se te da bien podrás hacerlo que se te dé de película. Confía y los demás ya abrirán los ojos. Además, tu confianza en ti mismo te hará las cosas mucho más sencillas: tu confianza se reflejará en la percepción de ti que tendrán los demás y te abrirá más puertas.

Regla número 3: Adiós a la negatividad, y a los negativos.

Esta regla tiene que ver mucho con la anterior. Debes desconectar de los pensamientos negativos, del pesimismo y pasar menos tiempo escuchando a personas que sólo te dicen cosas negativas. Sustitúyelo por actividades de desarrollo y crecimiento personal, por cosas que te hagan feliz y más preparado y seguro para continuar el camino.

Regla número 4: No le tengas miedo al fracaso.

El miedo al fracaso se puede convertir en una obsesión que te impida dar los pasos más importantes. En lugar de eso, piensa fallar el algo natural en el proceso de crecer y hacerse mejor. Permitirte fallar es igual a permitirte actuar sabiendo que vas a acertar… o vas a aprender.

Regla número 5: ¡Rompe algunas reglas!

No éstas, claro está. Se trata de que te relajes de vez en cuando, que no quieras hacerlo todo al pie del manual y te des algo de margen para descubrir otros caminos.

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La felicidad no es el final del camino, no es el premio final que debemos ganar. La felicidad es, en realidad, el estado de ánimo que debería ser el natural en todas las personas. Y es, además, una de las mejores herramientas para conseguir cumplir sueños, planes y hacer a otras personas felices también.

La felicidad es una materia prima con la que creamos miles de cosas maravillosas en la vida. Pero como materia que es, necesita espacio. Necesita un enorme espacio en el que poder crecer, en el que poder crear. Y ese espacio lo estamos llenando constantemente de otras cosas que no nos hacen ningún bien.

Ahora, si quieres hacer más espacio para que la felicidad pueda crecer y ayudarte a crecer a ti, tienes que liberarte.

De la opinión de los otros.

Vivir intentando cumplir las expectativas de otras personas y no las tuyas propias es una manera muy asfixiante de vivir. No te deja espacio para tus sueños, ni tan siquiera para respirar con tranquilidad en tu propia piel. Libérate de la necesidad de vivir según la opinión de otros y podrás ser libre para descubrir cómo quieres realmente vivir tu vida.

Del pasado.

El pasado ya ocurrió. Tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas, y no puedes querer refugiarte en las cosas buenas del pasado para no hacer frente al control de tu futuro. Ni puedes tirar constantemente de recuerdos negativos para impedirte tomar decisiones o avanzar. El pasado está ahí para saber de dónde venimos, ver el camino recorrido, aprender de lo bueno y de lo malo, pero sabiendo siempre que a donde tienes que mirar es hacia adelante, no hacia atrás.

Del miedo.

El miedo a “¿qué pasará si me equivoco?” el miedo a “¿y si no puedo dar la talla?” y todos esos miedos que se convierten en ansiedad sobre el futuro. Si te equivocas, aprenderás algo. Si no das la talla, es porque aún no estabas del todo preparado, no porque jamás lo vayas a lograr. Si, si… todas esas preguntas tienen su respuesta, y la respuesta es que no pasa nada. Porque pase lo que pase, siempre habrá otra oportunidad, otro día, y cualquier tropiezo solo sirve para fortalecerte. Deja de temer y comenzarás a experimentar, a crecer y a vivir.

De las críticas.

No puedes tener una vida positiva y feliz si tienes una conducta negativa y destructiva hacia a otros. Deja de juzgar y de criticar, y guarda esas energías para crear cambios positivos en tu vida y en la de aquellos que te rodean.

De las excusas.

No hay excusa que valga, hazte responsable de lo que haces y de lo que no haces. Si puedes cambiar algo, cámbialo.

De las lamentaciones.

Si tienes tiempo para quejarte de ello, tienes tiempo para buscar una solución. Activa la parte más positiva de tu cerebro, busca siempre las soluciones y tus problemas dejarán de existir porque ya no serán un problema, sólo un puzzle que resolver.

De las restricciones.

No sólo de los límites que te pones mentalmente con las inseguridades, sino también de las ataduras que te creas cuando decides tramar un plan que no tenga margen de cambio. De esas paredes que creas a tu alrededor cuando quieres que todo salga de una manera concreta y no te dejas a ti mismo ser flexible, cuando no te abres al cambio. Restringes tu camino a una sola línea recta cuando la vida es algo más grande y llena de infinitos caminos e intersecciones.

Libérate de todo eso y serás capaz de disfrutar mucho más de la vida y capaz de llevar cualquier proyecto a buen puerto. Dejarás de ver lo negativo en las situaciones y en las personas, tendrás una mente más creativa y resolutiva. Verás el mundo lleno de infinitas posibilidades que existe. Y serás más feliz y, como consecuencia, mucho más exitoso.

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Le hablas a un amigo de tu nuevo proyecto y se pone como si le dijeras que te acabas de unir a una secta. Presentas tu negocio a alguien y notas las “malas vibraciones” por toda la sala, en forma de miradas que juzgan y comentarios llenos de cinismo.

Pero ¿Por qué pasa tan a menudo?

La principal razón de esto es que es un modelo que nos saca, mentalmente, de lo que conocemos y entendemos como normal. Muchas personas entienden que lo ideal es tener un trabajo de ocho horas y un pago fijo mensual. Incluso si no les gusta su trabajo o si sienten que les pagan poco por todo lo que hacen, lo ven mucho más seguro.

Es ese dicho de “malo vale malo conocido”. Es un trabajo que no les llena, pero es lo que conocen como normal, es lo confiable, saben qué es lo que hay y qué deben esperar de ello.

Cuando mencionas cosas como los ingresos residuales, suena muy mal a muchas personas. Piensan que es una manera de aprovecharse del trabajo de otros cuando, en realidad, es un ingreso que deriva de un trabajo que tú ya has hecho con anterioridad. Sin embargo, fallan en ver que, en su trabajo de ocho horas, su superior gana dinero porque ellos ganan dinero, y el superior de su superior, y así hasta el propietario de la compañía.

Sin embargo, en el Network Marketing, si necesitas dejar de trabajar un tiempo por motivos personales, pero ya has estado trabajando años… no tendrás que preocuparte de que, de pronto, las facturas te destrocen. Eso si, nadie puede retirarse tras solo unos meses. El Network Marketing nunca es un “remedio milagroso” para tus cuentas, sin esfuerzo, tiempo y constancia no hay ganancias.

Pero el asunto es que, a algunas personas no les van a valer que les expliques ejemplos o le cuentes que las cosas no son como se las han imaginado.

Con el tiempo vas a identificar cuáles son las objeciones que, si puedes responder, cuáles son las dudas de escépticos que acabarán por convertirse en trabajadores y admiradores de esta industria, y cuáles no son más que excusas para no escucharte. Te recomendaría que no gastaras demasiado tiempo en los últimos. Será como intentar convencer a una pared que se convierta en puerta usando sólo tus palabras.

Solo tienes paciencia y ejemplo.

Tienes tu ejemplo para demostrar que se equivocan, y cuando vean cómo ha cambiado tu vida, entonces lo entenderán. Y si no lo quieren entender… pues, ¡que pena! Son ellos los que más pierden con esa actitud.

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