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La salud, la felicidad y el éxito están completamente entrecruzados en nuestra vida. Potenciando unas áreas de tu vida, estarás potenciando también otras. Así que, en tu camino hacia el éxito, nunca te olvides de hacerlo de manera sana, de manera positiva…

Es tan simple como adquirir hábitos para hacerte más sano, más feliz, más productivo… Y en general, más exitoso.

  • Desayuna siempre y evita darte atracones o picotear cosas poco sanas. Empieza la mañana con las energías cargadas y con un buen equilibrio.
  • Come más sano, tu cuerpo y tu mente lo agradecerán. Hay demasiadas cosas tóxicas que tomamos que nos hacen sentirnos más cansados, aunque creas que satisfacen más.
  • Bebe más agua. ¿Has observado si eres capaz de beber al menos 8 vasos de agua al día? Más hidratación también significa más vitalidad y más concentración.
  • Ríe siempre que puedas y sonríe a otros.
  • Aprovecha los días desde temprano y da un paseo desde que haya luz en la calle. Es una forma natural y sana de “cargar las baterías”.
  • Prueba cosas nuevas, sal de tu zona de confort a menudo.
  • Nunca estás, realmente, demasiado ocupado como para que no puedas parar a comer de forma sana, estar para los tuyos o hablar con quién necesite unas palabras tuyas.
  • Deja de compararte con otros. No eres como nadie más y nadie más es como tú.
  • Sé organizado y ordenado. Los espacios bien ordenados ayudan a la claridad mental, y poder encontrar algo en pocos segundos ayuda a ahorrar tiempo.
  • Duerme bien: ni mucho, ni poco. Y aprende a despertarte de forma natural, sin despertador tras unas horas de sueño fijas. Tardarás mucho menos en estar activo y despejado cada día una vez lo logres.
  • Preocúpate menos por las cosas que no puedes arreglar, y preocúpate menos por las cosas que sí puedes arreglar: esas simplemente las arreglas.
  • Prueba a escuchar más y a no interrumpir jamás a otros.
  • Hay momentos en los que tienes que apagar el teléfono.
  • Y disfruta más de los pequeños momentos y las pequeñas alegrías cotidianas.
  • Consiéntete un poco de vez en cuando, date un regalo en momentos especiales.
  • Piensa en positivo y habla en positivo.
  • No seas cruel con otros ni los juzgues.
  • Haz cada día algo por tu meta, y cuanto más temprano hagas lo más importante o lo más difícil, mejor.
  • Y, sobre todo, nunca dejes de soñar.
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Hace hoy exactamente 11 meses desde que se anunció que había alcanzado el rango de Diamante Azul. Un momento de mucha satisfacción, de mucho orgullo, de felicidad.

Un honor, de hecho.

El camino desde el Diamante al Diamante Azul fue pausado y a la misma vez lleno de emociones. Pero lo más importante es que fue un camino de autodescubrimiento.

Y hoy, justamente 11 meses desde que mi ascenso hasta el Diamante Azul fuera anunciado, puedo compartir con todos vosotros, con mucha felicidad, que he conseguido llegar hasta el Diamante Negro. El honor se hace aún mayor.

 

Esta meta es una muy especial y es difícil poder expresar todo lo que significa.

Es una de las más difíciles etapas, pero eso no es lo mismo que imposible. Ha sido el fruto de un trabajo duro y constante, en mi misma y en mi negocio, en mi equipo. Es también el producto de haberme rodeado de las personas correctas, las mejores personas, del mejor equipo. De trabajar codo con codo con los más asombrosos líderes, a los que agradezco y admiro tanto.

Y es el resultado de haber siempre mirado a la vida y a los retos con la actitud necesaria, positiva y constructiva.

Este rango también significará retos nuevos, así como nuevas y mayores responsabilidades, a las que doy la bienvenida con una sonrisa.

Ha sido casi un año trabajando en esta particular meta y no la veo como el final del camino, sino una señal luminosa y resplandeciente de que se ha logrado mucho, pero que aún quedan muchas metas por cumplir, mucho trabajo por hacer.

El diamante negro, en la naturaleza, no causa brillo ni refleja la luz. Pero en este caso, mi diamante negro brilla muchísimo. Con una luz muy intensa y clara. Ha sido un faro para mi durante mucho tiempo, señalándome el camino, y va a ser iluminándolo desde ahora, para que siga trabajando por mi equipo, para que cada vez más y más de mis compañeros encuentren la satisfacción y la transformación vital de llegar a ser diamantes, diamantes azules, diamantes negros…

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Si ya estás trabajando por cambiar tu vida y estás en pleno proceso de ir a por tu meta, estas reglas te serán mucho más que útiles, te serán de necesidad vital.

Son las reglas que debes autoimponerte para mantener el viento soplando en las alas de tu embarcación, para mantener funcionando el motor que te impulsa por la carretera hacia el éxito.

Regla número 1: Trabaja sin parar.

Bueno, claro que puedes parar, descansar, tener tiempo para tu familia y todas esas cosas. Pero una de las cosas más importantes para impulsar tu negocio es que dediques muchas horas y mucha constancia en los primeros meses. Esta es la parte en la que te estás forjando como networker y en la que estás descubriendo cómo eres en el negocio. La acción masiva puede verse como algo agotador, pero es necesario en el proceso y te ayudará a tener resultados antes.

Regla número 2: Si confías en ti, ya hay al menos una persona que lo hace.

No debe importante demasiado si te dicen que no tienes lo que hay que tener o que no sólo tienes pajaritos en la cabeza. Confía en ti mismo, confía en que si algo no se te da bien es porque aún tienes que aprender más, y que si algo se te da bien podrás hacerlo que se te dé de película. Confía y los demás ya abrirán los ojos. Además, tu confianza en ti mismo te hará las cosas mucho más sencillas: tu confianza se reflejará en la percepción de ti que tendrán los demás y te abrirá más puertas.

Regla número 3: Adiós a la negatividad, y a los negativos.

Esta regla tiene que ver mucho con la anterior. Debes desconectar de los pensamientos negativos, del pesimismo y pasar menos tiempo escuchando a personas que sólo te dicen cosas negativas. Sustitúyelo por actividades de desarrollo y crecimiento personal, por cosas que te hagan feliz y más preparado y seguro para continuar el camino.

Regla número 4: No le tengas miedo al fracaso.

El miedo al fracaso se puede convertir en una obsesión que te impida dar los pasos más importantes. En lugar de eso, piensa fallar el algo natural en el proceso de crecer y hacerse mejor. Permitirte fallar es igual a permitirte actuar sabiendo que vas a acertar… o vas a aprender.

Regla número 5: ¡Rompe algunas reglas!

No éstas, claro está. Se trata de que te relajes de vez en cuando, que no quieras hacerlo todo al pie del manual y te des algo de margen para descubrir otros caminos.

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La felicidad no es el final del camino, no es el premio final que debemos ganar. La felicidad es, en realidad, el estado de ánimo que debería ser el natural en todas las personas. Y es, además, una de las mejores herramientas para conseguir cumplir sueños, planes y hacer a otras personas felices también.

La felicidad es una materia prima con la que creamos miles de cosas maravillosas en la vida. Pero como materia que es, necesita espacio. Necesita un enorme espacio en el que poder crecer, en el que poder crear. Y ese espacio lo estamos llenando constantemente de otras cosas que no nos hacen ningún bien.

Ahora, si quieres hacer más espacio para que la felicidad pueda crecer y ayudarte a crecer a ti, tienes que liberarte.

De la opinión de los otros.

Vivir intentando cumplir las expectativas de otras personas y no las tuyas propias es una manera muy asfixiante de vivir. No te deja espacio para tus sueños, ni tan siquiera para respirar con tranquilidad en tu propia piel. Libérate de la necesidad de vivir según la opinión de otros y podrás ser libre para descubrir cómo quieres realmente vivir tu vida.

Del pasado.

El pasado ya ocurrió. Tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas, y no puedes querer refugiarte en las cosas buenas del pasado para no hacer frente al control de tu futuro. Ni puedes tirar constantemente de recuerdos negativos para impedirte tomar decisiones o avanzar. El pasado está ahí para saber de dónde venimos, ver el camino recorrido, aprender de lo bueno y de lo malo, pero sabiendo siempre que a donde tienes que mirar es hacia adelante, no hacia atrás.

Del miedo.

El miedo a “¿qué pasará si me equivoco?” el miedo a “¿y si no puedo dar la talla?” y todos esos miedos que se convierten en ansiedad sobre el futuro. Si te equivocas, aprenderás algo. Si no das la talla, es porque aún no estabas del todo preparado, no porque jamás lo vayas a lograr. Si, si… todas esas preguntas tienen su respuesta, y la respuesta es que no pasa nada. Porque pase lo que pase, siempre habrá otra oportunidad, otro día, y cualquier tropiezo solo sirve para fortalecerte. Deja de temer y comenzarás a experimentar, a crecer y a vivir.

De las críticas.

No puedes tener una vida positiva y feliz si tienes una conducta negativa y destructiva hacia a otros. Deja de juzgar y de criticar, y guarda esas energías para crear cambios positivos en tu vida y en la de aquellos que te rodean.

De las excusas.

No hay excusa que valga, hazte responsable de lo que haces y de lo que no haces. Si puedes cambiar algo, cámbialo.

De las lamentaciones.

Si tienes tiempo para quejarte de ello, tienes tiempo para buscar una solución. Activa la parte más positiva de tu cerebro, busca siempre las soluciones y tus problemas dejarán de existir porque ya no serán un problema, sólo un puzzle que resolver.

De las restricciones.

No sólo de los límites que te pones mentalmente con las inseguridades, sino también de las ataduras que te creas cuando decides tramar un plan que no tenga margen de cambio. De esas paredes que creas a tu alrededor cuando quieres que todo salga de una manera concreta y no te dejas a ti mismo ser flexible, cuando no te abres al cambio. Restringes tu camino a una sola línea recta cuando la vida es algo más grande y llena de infinitos caminos e intersecciones.

Libérate de todo eso y serás capaz de disfrutar mucho más de la vida y capaz de llevar cualquier proyecto a buen puerto. Dejarás de ver lo negativo en las situaciones y en las personas, tendrás una mente más creativa y resolutiva. Verás el mundo lleno de infinitas posibilidades que existe. Y serás más feliz y, como consecuencia, mucho más exitoso.

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Le hablas a un amigo de tu nuevo proyecto y se pone como si le dijeras que te acabas de unir a una secta. Presentas tu negocio a alguien y notas las “malas vibraciones” por toda la sala, en forma de miradas que juzgan y comentarios llenos de cinismo.

Pero ¿Por qué pasa tan a menudo?

La principal razón de esto es que es un modelo que nos saca, mentalmente, de lo que conocemos y entendemos como normal. Muchas personas entienden que lo ideal es tener un trabajo de ocho horas y un pago fijo mensual. Incluso si no les gusta su trabajo o si sienten que les pagan poco por todo lo que hacen, lo ven mucho más seguro.

Es ese dicho de “malo vale malo conocido”. Es un trabajo que no les llena, pero es lo que conocen como normal, es lo confiable, saben qué es lo que hay y qué deben esperar de ello.

Cuando mencionas cosas como los ingresos residuales, suena muy mal a muchas personas. Piensan que es una manera de aprovecharse del trabajo de otros cuando, en realidad, es un ingreso que deriva de un trabajo que tú ya has hecho con anterioridad. Sin embargo, fallan en ver que, en su trabajo de ocho horas, su superior gana dinero porque ellos ganan dinero, y el superior de su superior, y así hasta el propietario de la compañía.

Sin embargo, en el Network Marketing, si necesitas dejar de trabajar un tiempo por motivos personales, pero ya has estado trabajando años… no tendrás que preocuparte de que, de pronto, las facturas te destrocen. Eso si, nadie puede retirarse tras solo unos meses. El Network Marketing nunca es un “remedio milagroso” para tus cuentas, sin esfuerzo, tiempo y constancia no hay ganancias.

Pero el asunto es que, a algunas personas no les van a valer que les expliques ejemplos o le cuentes que las cosas no son como se las han imaginado.

Con el tiempo vas a identificar cuáles son las objeciones que, si puedes responder, cuáles son las dudas de escépticos que acabarán por convertirse en trabajadores y admiradores de esta industria, y cuáles no son más que excusas para no escucharte. Te recomendaría que no gastaras demasiado tiempo en los últimos. Será como intentar convencer a una pared que se convierta en puerta usando sólo tus palabras.

Solo tienes paciencia y ejemplo.

Tienes tu ejemplo para demostrar que se equivocan, y cuando vean cómo ha cambiado tu vida, entonces lo entenderán. Y si no lo quieren entender… pues, ¡que pena! Son ellos los que más pierden con esa actitud.

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Jorge Bucay es un escritor y terapeuta argentino. Él mismo se define como “ayudador profesional” y mediante sus conferencias como con sus libros y sus pequeñas historias ofrece herramientas para que nosotros mismos podamos ayudarnos, sanarnos, y elevarnos.
Uno de sus más conocidos cuentos se llama “Las Alas son para volar”, y trata sobre los riesgos que debemos tomar en la vida, y cómo cuando nos contenemos es cuando más probabilidades de fallar nos encontramos. Pero… Mejor os lo comparto.

Cuando se hizo mayor, su padre le dijo:

-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.

-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.

-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
– ¿Ves hijo? este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte
aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las
alas y volarás…

El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?

-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo a ver a sus amigos, a sus compañeros, aquellos con los que había caminado toda su vida.

Los más estrechos de mente dijeron:
-¿Estás loco?

-¿Para qué?

-Tu padre está medio loco…

– ¿Para qué necesitas volar?

– ¿Por qué no te dejas de tonterías?

-Y, además, ¿quién necesita volar?

Los mejores amigos también sentían miedo:
– ¿y si fuera cierto?

– ¿No será peligroso?

– ¿Por qué no empiezas despacio?

-Prueba a tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol, pero… ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó…desplegó sus alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas, pero desgraciadamente, se precipitó a tierra.

Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di! No soy como tú. Mis alas son de adorno… – lloriqueó.

-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en un paracaídas: necesitas cierta altura antes de saltar.
Para volar hay que empezar asumiendo riesgos.
Si no quieres, lo mejor quizá sea resignarse y seguir caminando como siempre.

En esta historia, vemos cómo lo que peor pudo hacer el hijo es escuchar a aquellos que le decían que no sería capaz, por eso asume un riesgo muy bajo y sin creer en él o suficiente. Aquí Bucay nos habla también del miedo a lo nuevo, a los cambios y cómo muchas personas infunden ese miedo en los otros.
Al final, si quieres volar tienes que desplegar las alas, confiar en tus posibilidades y ser nosotros mismo, tomar nuestras propias decisiones y no dejar que nos invadan los miedos de aquellos que jamás lo han intentado siquiera.

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Hay muchas probabilidades que tú, seas quien seas y tengas la edad que tengas, y que me estás leyendo ahora mismo, hayas probado al menos un par de dietas a lo largo de tu vida. Y es probable que aun veas la tentación de probar alguna nueva por el bien de tu salud, o puede que incluso por la figura.

En cuanto a eso, os puedo decir que la verdadera dieta que mejor le puede venir a tu organismo es simplemente aquella en la que prestas atención a lo que realmente estás comiendo y qué es lo que aporta a tu cuerpo y a su salud. Siempre se trata de evitar aquello que nos tóxico de una forma o de otras.

Pero, en nuestra vida en general, también podríamos hacer algo similar.

¿Qué pasa si pongo toda mi vida a dieta? Puedes encontrarte con un cambio radical en ella.

¿Cómo puedo poner mi vida a dieta? Es muy fácil, sólo tenemos que balancear las cosas que nos sientan bien y las que nos sientan mal. Hay elementos tóxicos que podemos empezar a evitar en nuestras vidas, al igual que evitaríamos aquellos que sabemos que es malo para la salud.

– Pensamientos Negativos:

Deja de alimentar tu cerebro con malos pensamientos. La negatividad tiene un impacto grande y horrible en tu vida. Comienza quitándote energías, sigue haciéndote creer que todo es peor de lo que parece, y no te deja disfrutar de los logros y de las cosas buenas del día a día. Los pensamientos negativos también te hacen perder el enfoque ¡y hasta te sabotean los planes!

– Personas negativas:

Nada hay más toxico para tu nuevo estado vital que las personas que van a llenarte la cabeza con su negatividad, poniéndole pegas a todo lo que haces y hasta comiéndose tus sueños. Hay personas que no te dejarán despegar nunca y que te mantienen con los pies pegados a una falsa y gris realidad. Lo peor es que lo hacen porque creen que deben. Y también hay gente que simplemente es tóxica sin más.

Tienes que ponerle fin a eso, llamar la atención a quien quiera cambiar su “ingesta de malos pensamientos”, y si no quiere cambiar… mejor estarás sin escuchar sus negatividades todos los días.

– Inseguridades:

Es difícil deshacerse de la inseguridad ya que es algo que se nos ha pegado, que nos ha calado muy hondo y nos acompaña siempre. Es una parte negativa de nosotros que no nos deja ser quienes estamos destinados a ser porque piensa que no nos lo merecemos. Aprende a valorarte más, a creer más en tus talentos y en lo que ya tienes que ofrecer.

Lo que podemos añadir a nuestra dieta de vida:

– Conocimientos:

Añade nuevas habilidades y experiencias que también ayudarán a mantener las inseguridades lejos y nuestra autoestima bien alimentada. Además de eso nos dará la posibilidad de ser mejores en nuestro trabajo y nos darán resultados a largo plazo.

– Positividad:

La positividad no es pensar que todo saldrá bien sin que tengamos que hacer nada, o ignorar los problemas o los conflictos. La positividad es ser capaz de centrarnos en la solución más que el problema en sí mismo.

– Gratitud:

Añade unas buenas pizcas de gratitud cada día. Agradece lo que tienes hoy y las personas que te apoyan, agradece cada noche por aquello que ha salido bien durante el día y, verás que, si haces recuento, siempre superará por número a lo que puede que no haya salido tan bien. Debemos dejar de poner todo el foco siempre en el lado equivocado.

Prueba esta dieta sin saltártela ni un solo día durante, al menos, un mes y verás como tu vida cambia drásticamente. Y no sólo eso, ¡será la única dieta que jamás te tientes a abandonar una vez la pruebas!

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Hace unos días alguien me contó una historia corta pero hermosísima. Esa historia, fue una vez contada a esa persona por otra que también la oyó. No he logrado encontrar esta fábula o cuento… ni su origen, pero os la contaré más o menos como me la explicaron a mí.

En una nevera se encontraban entre los alimentos y las bebidas, una bandeja de cubitos recién hechos. El agua pasaba de estado líquido a sólido por el frío, pero de forma separada y aislada por las barreras de los cuadraditos del recipiente. Pasaban los días y las noches y los cubitos comenzaban a pasar ese tiempo juntos, aunque separados. Los cubitos hablaban y planeaban, y empezaron a imaginar otra vida fuera de la nevera.

Algunos de esos cubitos estaban cada vez más entusiasmados de estar compartiendo ese tiempo juntos y hablaban, se reían, ¡hasta saltaban! Saltaron tanto que escaparon de la nevera. Viéndose libres y sin las restricciones de aquel envase que los mantenía separados celebraron y se abrazaron unos a otros. Se sonreían los unos a los otros.

Y poco a poco notaron que de los cubitos emanaba algo de agua que se mezclaba bajo ellos. Cuanto más se reían y más celebraban más agua había. Hasta que casi todo lo que había allí era agua. Y, sin embargo, su alegría no paraba. Uno de ellos preguntó:

“¿Qué parte de esta agua soy yo? ¿Y qué parte de esta agua es cada uno de vosotros?”

Pronto vieron que no podían distinguirlo y lo entendieron.

“A partir de ahora, ya no es sólo “tú” o “yo”, a partir de ahora somos “nosotros.”

Y ese pequeño charco de agua… tal vez hoy sea parte de un río, que sea parte de un océano…

 

¿Qué pensáis? Para mí es una manera muy hermosa de contar que cuando perdemos nuestra frialdad, cuando nos libramos de las restricciones que nos ponemos a la hora de tratar con los demás y nos entregamos con el corazón a formar parte de la vida de otros, podemos crear algo mayor más importante. Familias, equipos. Todos somos gotas de agua que, juntos, podemos crear océanos y ser la fuerza de la naturaleza más poderosa.

¿Habéis leído o escuchado esta historia antes? Y, los más importante ¿Habéis experimentado esta sensación de formar parte de algo de lo que puedas decir ese “nosotros”, con ese orgullo y esa felicidad? Yo sí.


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Hoy voy a hablar de una mujer (aunque en realidad aún es sólo una niña) que quizás no nos ha inspirado a las de mi generación a crecer como profesionales, pero que sin duda alguna será una inspiración para las jóvenes de las siguientes generaciones.
Se llama Marley Días, y se ha convertido en la editora más joven de una revista, con tan sólo 12 años. Además, está escribiendo un libro actualmente. Para que entendáis realmente la importancia de esto os cuento un poco más de cuál ha sido su historia hasta ahora.

Marley es una niña estadounidense, amante de la literatura y negra, que se encontró buscando en la biblioteca de su escuela una y otra vez buscando sin éxito libros con protagonistas femeninas y negras. Es completamente normal, cuando estás creciendo y buscas tu camino en el mundo, querer fijarte en ejemplos de personas que a la misma vez que te inspiran, te demuestran que tú también tienes un lugar en el mundo. Así como también es normal querer ver más personas que son como tú (en este caso, chicas jóvenes y negras) reflejadas en la ficción y los medios de comunicación, sobre todo cuando no se hace como norma, y mucho menos como protagonistas. Así que Marley se frustró buscando personajes tanto ficticios como históricos que estuvieran reflejados en la literatura a la que podía acceder. Ideó una campaña para buscar y recopilar un catálogo de libros que se ajustase a ese criterio y la llamó #1000blackgirlbooks.

Aunque en su biblioteca habitual apenas tuvieran nada de eso, Marley mediante su campaña consiguió recopilar más de 8000 libros, no sólo mil.

Hizo una campaña efectiva, muy bien llevada y que captó la atención de los medios de comunicación y hasta de políticos, pero lo más importante es que captó mucha atención de su generación, miles de niñas que colaboraron con ella en la búsqueda de libros, especialmente juveniles.

Marley demostró que podía ser una buena comunicadora y la revista Elle le ofreció un espacio, su propia revista, en la que Marley seguía hablando de libros, pero también tuvo la oportunidad de entrevistar a Ava Duverney, directora de cine, y a Hillary Clinton, entre otras personalidades de interés.

Ella ahora está volcada en publicar su propio libro que ya es muy esperado por muchísimas personas (especialmente niñas que la conocieron a través de su campaña), y podemos estar seguros de que las pequeñas Marleys del futuro podrán encontrar libros como el suyo y como los más de ocho mil de su catálogo gracias a ella.

Marley es un ejemplo de que, si algo no te gusta como está, trabaja para cambiarlo. Y que si tienes claro que es lo que te importa en la vida, no importa a que edad lo sepas, ese es el momento para comenzar a conseguirlo. Debemos tener un ojo puesto en jóvenes promesas como Dias, y darles el mérito que se merecen, porque ellas son las que definirán el mundo en los próximos años.


 

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Se puede hacer mucho en Network Marketing aunque pienses que no tienes suficiente tiempo para dedicarlo a desarrollar tu negocio.
Es una barrera que vemos con frecuencia pero que no resulta ser tal. Tal vez comienzas mientras desarrollas un empleo tradicional y solo te quedan unas horas para hacer networking. O sea cual sea tu situación, incluso si no estás en un empleo tradicional, crees que no dispones de tanto tiempo como te gustaría para tu negocio.

Bueno, pues eso no es ningún problema. Como mucho es un reto, y es un reto que podemos desafiar y vencer.

– Cada minuto cuenta.
Si tienes poco tiempo, simplemente haz que ese poco que tengas cuente con creces. Céntrate en este tiempo para destinarlo a las labores de networking sin pensar que tienes poco, sino que el que tienes ha de ser muy bien aprovechado.
Además, siempre puedes aprovechar incluso momentos sueltos del día, viajes, hacer contactos allá donde estés y vayas.

– Actúa de verdad.
Incluso con poco tiempo, con buena motivación, ambición y una acción masiva puedes hacer grandes avances. Pero para ello necesitas dejar de gastar el tiempo que podrías usar para hacer crecer tu negocio en distracciones y excusas. Si aún no tienes buenas tarjetas, etc, nada de eso importa siempre que estés tú y tu motivación. Luego todo llega.
Puede ser agotador si estás dedicándole parte del tiempo a por ejemplo otro empleo o a cuidar de hijos pequeños… y luego ver que tu negocio de network marketing no avanza, no tienes demasiadas negativas. Pero sigue, sigue con más ambición, con más hambre. Sólo actuando de forma masiva es cuando encuentras la manera de que todo encaje y empieces a ver el progreso. Incluso si solo puedes hacer eso durante 3 horas al día. Esas tres horas han de aportarte un pequeño progreso al día al menos, ya sea en forma de resultados o en tu formación.

– Sin excusas.
Si de verdad quieres resultados no sirve de nada que te fijes en todos los pequeños detalles que te pueden frenar cada día, y además los expliques como justificación. Puede que un día se te complique demasiado y no puedas hacer nada, o al menos no contactar con alguien por el asunto del horario. Eso significa que el día siguiente tendrás intentar ponerte al día.

– Más tiempo.
Por poco tiempo que tengas puedes crear un poco más de tiempo con un poco de mejor organización. Puedes prescindir de distracciones, maximizar la productividad de tus horas, rescatar minutos entre horas y utilizar cuanto puedas para desarrollar tu negocio, o para potenciarte con entrenamiento, educación y desarrollo personal.

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