Mes: febrero 2018

Me he construido de nuevo, casi, para ser la persona que sería capaz de cumplir mis sueños. Seguro que esa frase también te suena a ti, y seguramente ya estés en el proceso de conseguirlo.

En ese proceso por el que pasamos todos, me he visto haciendo balance de todo lo aprendido y todo lo que tenía que “desaprender”. Y, entre otras cosas, me he dado cuenta de algunas cosas maravillosas que sí aprendí de pequeña y que todos deberíamos recordar mucho más a menudo. Algunas de ellas se quedan siempre, otras las vamos perdiendo porque crece en nosotros la inseguridad, conforme nos hacemos mayores. Otras lecciones, algunos niños no la llegan a aprender nunca y corren el riesgo de convertirse en adultos con aún menos recursos emocionales para tener una vida exitosa, feliz…

Comparto contigo algunas de las lecciones que yo aprendí siendo pequeña, en concreto tres muy especiales, y que intento que mi hijo no olvide jamás. Te recomiendo que las recuerdes, si las olvidaste, que las interiorices para que te hagan crecer, y que las compartas con todo el corazón a la siguiente generación, para que tengan un impacto en ellos.

 

“Escucha más de lo que hables.”

Todos aprendemos por la observación y la imitación. Así aprendemos a hablar y a comer por nosotros mismos, por ejemplo. Pero cuando crecemos, empezamos a observar menos y a hablar mucho más. Lo que tenemos que decir siempre es más importante de lo que podamos aprender… incluso si lo que tenemos que decir lo hemos aprendido mal, por no escuchar lo suficiente.

Cuando decides escuchar de verdad, antes de hablar, se produce algo muy especial. Llegas a conocer mejor a las personas, abres la mente a otras posibilidades.

Así que, mientras que debemos enseñar a nuestros hijos a tener su voz propia y no tener miedo a usarla, también debemos enseñarles a hacerlo con sensatez y a convertirse en mejores personas desarrollando la capacidad de escuchar, de querer comprender de verdad a otros. Y a ser personas más observadoras y atentas y, por lo tanto, más inteligentes.

 

“Ten una mente positiva.”

Considero esta enseñanza una muy valiosa. Para los niños puede ser mucho más fácil ver el lado más simple, brillante y mágico de la vida, pero conforme crecen, esa magia y esa alegría puede perderse. Durante la adolescencia se produce una etapa muy difícil en la que todo se ve mucho más difícil de lo que es.

Pero tú puedes darles las herramientas para que no pierdan su visión positiva, para que crezcan seguros de si mismos, mirando al futuro con optimismo y felices. No se trata de decirles que no lloren, todo el mundo debe poder expresarse y sentir sin restricciones, se trata de enseñarles a buscar siempre la solución al problema, a que sepan que, pase lo que pase, hay una solución y estará en sus manos. O, al menos, siempre tendrá alguien con quien contar para que les ayude a encontrarla, con una sonrisa.

Es una de las armas más poderosas que ganar y que puedes transmitir.

 

“Trata a otros como te gustaría ser tratado.”

Ponerte en la situación de otro es algo que cuesta aprender y, cuando somos adultos podemos olvidar con facilidad. Nuestros problemas nos agobian, el mercado laboral tradicional nos enseña a pisar al compañero para subir un escalón profesional. Como sociedad, no tratamos bien a aquellos que no encajan. Y esa falta de empatía y de tolerancia acaba, de alguna manera, trasladándose también a los pequeños.

Sabemos de sobra que el mundo sería justo como nos gustaría que fuera si todos nos comportáramos decentemente, simplemente con tratar a otros con el respeto que desearíamos recibir.

Y, a veces, los pequeños detalles tienen los efectos más grandes. Puedes empezar enseñando a tu hijo la importancia de saludar, dar las gracias, no sólo cuando te hacen un favor o un regalo, sino también cuando te sirven el plato en el restaurante o te dan el cambio en la tienda. Cuando tenga la tentación de reírse de una persona o un compañero de clase, hazle ver que el hecho de que alguien sea diferente no es nada malo. Pero que ser cruel con otros y hacerlos sentir mal por ser ellos mismos no tiene nada de bueno para nadie. Y, sobre todas las cosas, a no insultar o atacar a nadie.

Enséñales la satisfacción de hacer sonreír a otros. Y que siempre recuerde que cada acción y palabra tiene consecuencia, así que siempre es mejor escoger aquellas que tengan buenas consecuencias.

No debes ser duro con él si al principio le cuesta dar las gracias o los buenos días, especialmente a personas con las que no está familiarizado; recuerda que la lección más importante de todas es la que explicamos desde el ejemplo.

Así que piensa que el mayor trabajo de liderazgo que haces en la vida es el de ser el mejor ejemplo para que tus hijos, sean quienes sean o decidan dedicarse a lo que quieran en el futuro, sean siempre personas seguras, felices y bondadosas.

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Para empezar, quiero decir algo muy importante: el éxito no siempre depende de un alto nivel de productividad, y aún así, ser productivo no siempre es igual a estar ocupado todo el día.

Cuando digo que el éxito no siempre depende de un alto grado de productividad, me refiero a que hay muchos más éxitos en la vida, tanto de manera profesional como de manera personal, que no van a depender de que hagas 50 o 100 cosas, en un determinado tiempo. El éxito, a veces es simplemente dar un paso adelante, cambiar la manera de hacer las cosas, ganar un poco de tiempo o de libertad.

Ya ha quedado atrás ese pensamiento de que una persona con éxito era una persona que no tenía tiempo para su vida personal y familiar. Que debía sacrificar partes importantes de su vida para ello.

Pero en el momento en el que estás construyendo algo nuevo e importante, como lo es tu negocio, sí es cierto que necesitas un meticuloso equilibrio entre producción y tiempo. Cuanto más avances en el menor tiempo posible, más cerca estarás de esa clase de éxito que te permita vivir libremente, con tiempo para ti y para los tuyos.

En la búsqueda de ese equilibrio se pueden cometer errores y desarrollando hábitos que pueden hacer perder el control a cualquiera.

Hoy te quiero hablar de tres acciones concretas que significan una gran diferencia en ese momento en el que estás construyendo, pues te permitirán enfocarte, tener un alto nivel de productividad sin desgastarte.

  • Ten un plan.

La falta de planificación es excesivamente peligrosa. Incluso si crees que todo está muy claro en tu mente y sabes a donde te diriges, lo estás haciendo todo mucho más difícil de lo que debería. No necesitas nada complicado, basta con que marques las metas a largo, medio y corto plazo, y lleves una sencilla lista de tareas diarias.

 

  • Trabaja bien y descansa mejor.

La emoción de un proyecto personal te hará querer trabajar muchas horas cada día y acabar tarde. Incluso reconozco que la emoción de ver grandes progresos te puede empujar a querer aprovechar cada minuto del día y hasta de la noche para dar un paso más allá. Lo que ocurre es que esa emoción no podrá evitar que tu cuerpo empiece a necesitar su descanso, y te abandonará muy pronto cuando estés cansado y algo no salga bien. El cansancio, además, en poco tiempo te hará más torpe y te costará más tiempo hacer menos. Es mucho mejor trabajar con cabeza, reservar horas del día para ti o para estar en familia y dormir las horas necesarias. Esto, créeme, a la larga será una potente fuente de motivación.

 

  • Aprovecha bien las reuniones.

Todas tus reuniones deben tener un objetivo y, a la hora de despedirse tienes que tener claro que el objetivo se ha cumplido. Si el objetivo es conocer más a la otra persona, dar a conocer tu negocio, establecer un plan de trabajo para la siguiente semana, aclarar dudas… Sea cual sea la razón de tu reunión procura que se cumpla. No dejes que se escapen horas enteras en las que se habla de otras cosas y no hay ningún progreso. Compartir tiempo con otros siempre es beneficioso, pero todos tenemos la tendencia a dejarnos llevar por las distracciones y perder el hilo.

Son tres consejos muy simples, pero ten en cuenta que la gran mayoría de las personas piensan que estar todo el día ocupado les va a dar frutos; que, si haces muchas reuniones y muy largas, se están haciendo muchos progresos…

Con sólo esas tres acciones creas una enorme diferencia entre un trabajo duro que no rinde y un trabajo inteligente que da frutos. Pero, sobre todo, da una buena vida.

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Hablando desde el punto de vista de una líder con experiencia, sé que hay una diferencia astronómica entre dejar que los nuevos miembros de tu equipo tengan las cosas muy claras desde el principio, o no las tengan.

Es responsabilidad de un líder dar información, consejo, enseñar el sistema y entrenar. Pero además de eso, ser una mano amiga y experta pueda tendérseles ampliamente, más a menudo y mejor cuanto antes. No es cuestión de tratar a nadie como un niño indefenso, pero todos hemos venido una vez a este negocio como absolutos novatos y si entender qué había que hacer.

Esa es, a partes iguales, la gracia y el inconveniente del network marketing; es una carrera que debes aprender desde cero mientas la ejerces.

Y aquí, es como todos nos podemos convertir en más que en líderes, más que uplines, es cuando nos volvemos mentores.

Acoger a alguien nuevo en esta industria, con ilusión, aunque con desconcierto, y estar seguro de que entiendes cuáles son sus prioridades, sus sueños, sus metas, sus ambiciones… y dar el tiempo que haga falta para que esa persona se ponga en el camino correcto para cumplir todo ello. Cómo líder, eso nunca puede ser un engorro, debe ser visto como la oportunidad más grande que tienes en tu vida de dejar una huella y un legado. No importa cuál sea se ambición, cuales sean sus metas. Lo importante es que conseguirás que esa persona sea feliz haciendo lo que desea, ayudando a su familia, descubriéndole un mundo nuevo lleno de tantas posibilidades.

Aunque todos hacemos todo lo posible por ver a esos nuevos asociados brillar con luz propia, siempre hay una “milla extra” que podemos andar para asegurarnos de que así sea.

Mi consejo, para dar aún más apoyo a nuevos miembros y que puedan empezar con más fuerza son los siguientes:

  • Cuando ese nuevo e inexperto asociado haga su lista de contactos, haz una reunión para repasarla juntos y hablar sobre cuáles serían las personas con más posibilidades de unirse al equipo y por qué. Aunque aún le hará falta práctica a la hora de contactar y hacer prospectos, esta sesión será muy útil para que comience a ver la verdadera esencia del negocio: entender a las personas y saber quién se puede realmente beneficiar de la oportunidad.
  • Entiende de verdad sus metas. No te conformes con alguna respuesta vaga porque te arriesgas a que ni esa persona lo sepa de verdad. Desde el principio, hablad muy claro sobre lo que quiere conseguir y si es necesario ayúdale a ver los pasos necesarios hasta alcanzarlo. Enséñale a hacer una planificación de sus metas.
  • No subestimes ninguna meta. No cometas el error de hacer entender a alguien que sus sueños son poco para ti o perderá cualquier motivación que tuviera. No tienes que fingir interés, lo que tienes que hacer es abrir la mente, entender que cada uno de nosotros tiene sueños diferentes y todos y cada uno de ellos son válidos y dignos de respetar. Entendiendo eso, sabrás que tal vez haya compañeros que necesiten tu ayuda durante un poco más de tiempo, pero todos la necesitarán.
  • Anímalos a “lanzarse” lo antes posible. Además de que organicen sus propias reuniones y presentaciones grupales privadas, invítalos a un evento tuyo y dalos a conocer, que se enfrenten al miedo al público y lo superen.

 

Lo importante es conocer donde está la cima para tu equipo y ayudar a cada uno a tener claro desde el principio como debe ser el camino para llegar a su cima particular.

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