Día: 25 octubre, 2017

Te digo esto y quizás me digas que ya lo sabes. Es algo obvio. Pero, ¿Sabes lo que implica realmente?

Lo que quiero decir es que un líder, como ser humano que es, es imperfecto. Y esa imperfección es natural, es normal, es aceptable.

Debes desterrar de tu cabeza la idea de que para ser un buen líder debes convertirte en alguien que para empezar no eres y, para terminar, nadie lo es.

Cómo líder, debes tener también libertad de ser tú. Una versión cada vez más mejorada mediante tiempo, desarrollo y experiencia, pero siempre tú. Sin reprimir lo que sientes y sin impedirte tener tus días malos y tus días buenos.

Simplemente asume tu responsabilidad para mejorar aquello que puedas, o date tiempo para recargar tus pilas.

Cómo líder, tendrás visión y tendrás tus metas. Pero tiene mucho más valor y es mucho más realista ser capaz de adaptarte a un cambio de planes, o ser capaz de analizar tu camino sobre la marcha y entender si debes cambiar algo.

Si te has equivocado en algo no pasa nada, nadie te pedirá que sepas las respuestas a todo desde que comienzas tu planificación.

No eres infalible. Nadie es infalible. Está bien… Y serás capaz de lograr muchas más cosas si tienes la mente abierta a ello, si dejas de agobiarte pensando en que no debes fallar ni un solo paso.

Pase lo que pase, hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que lo habría hecho de otro modo, quizás lo hagas mejor, quizás lo hagas peor, quizás encuentres una mejor manera… Pero lo harás a TÚ MANERA.

Eres una persona real. Con defectos, con sentimientos, con opiniones, con experiencias… Eres una persona con sueños, una persona dispuesta a retarse. Al ser un líder no necesitas ser perfecto, sólo necesitas hacer las cosas con corazón y poniendo un interés genuíno en seguir aprendiendo.

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