Día: 10 septiembre, 2017

Hace hoy exactamente 11 meses desde que se anunció que había alcanzado el rango de Diamante Azul. Un momento de mucha satisfacción, de mucho orgullo, de felicidad.

Un honor, de hecho.

El camino desde el Diamante al Diamante Azul fue pausado y a la misma vez lleno de emociones. Pero lo más importante es que fue un camino de autodescubrimiento.

Y hoy, justamente 11 meses desde que mi ascenso hasta el Diamante Azul fuera anunciado, puedo compartir con todos vosotros, con mucha felicidad, que he conseguido llegar hasta el Diamante Negro. El honor se hace aún mayor.

 

Esta meta es una muy especial y es difícil poder expresar todo lo que significa.

Es una de las más difíciles etapas, pero eso no es lo mismo que imposible. Ha sido el fruto de un trabajo duro y constante, en mi misma y en mi negocio, en mi equipo. Es también el producto de haberme rodeado de las personas correctas, las mejores personas, del mejor equipo. De trabajar codo con codo con los más asombrosos líderes, a los que agradezco y admiro tanto.

Y es el resultado de haber siempre mirado a la vida y a los retos con la actitud necesaria, positiva y constructiva.

Este rango también significará retos nuevos, así como nuevas y mayores responsabilidades, a las que doy la bienvenida con una sonrisa.

Ha sido casi un año trabajando en esta particular meta y no la veo como el final del camino, sino una señal luminosa y resplandeciente de que se ha logrado mucho, pero que aún quedan muchas metas por cumplir, mucho trabajo por hacer.

El diamante negro, en la naturaleza, no causa brillo ni refleja la luz. Pero en este caso, mi diamante negro brilla muchísimo. Con una luz muy intensa y clara. Ha sido un faro para mi durante mucho tiempo, señalándome el camino, y va a ser iluminándolo desde ahora, para que siga trabajando por mi equipo, para que cada vez más y más de mis compañeros encuentren la satisfacción y la transformación vital de llegar a ser diamantes, diamantes azules, diamantes negros…

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