Día: 1 agosto, 2017

Esto te lo digo tanto si estás aprendiendo o si estás apunto de enseñar a alguien más: no hay mejor manera de enseñar que animando a que se actúe.

La primera fase es cuando explicas, la segunda cuando muestras… pero la que realmente calará hondo en las personas en cuando ellos mismos tienen que ponerlo en práctica.

Así que, si estás dando tus primeros pasitos en el Network Marketing, muy probablemente estés intentando reunir toda la información posible. Estarás leyendo blogs, como éste, y estarás viendo videos, charlas, entrenamientos…

Y, ¿sabes? Lo estás haciendo bien. No te voy a decir que no te informes o que no te eduques, tienes que hacerlo. Tienes que leer mucho, tienes que trabajar tanto en conocimientos como en el estado mental, y tienes que aprender a absorber y asimilar nuevos conceptos, porque de todos modos ya debes saber que para llevar este negocio tienes que desligarte de las ideas que absorbiste para prepararte como empleado asalariado.

Todo eso está muy bien.

Pero debes estar dispuesto a entender y aceptar que, cuando llegues a la calle, a poner en práctica lo que has aprendido en la teoría, vas a sentir que no entendiste nada.

No te preocupes, es normal… y no es exactamente así.

¿Sabes cómo los niños pequeños pasan un tiempo antes de aprender a manejar sus manos o sus pies? Y entrenan cada minuto del día. Saben que quieren ir de un punto a otro… Saben cómo se anda… un pie detrás de otro… pero no es hasta que se han caído varias veces que lo consiguen.

Es un poco lo que ocurre cuando comienzas en el Network Marketing. Sabes lo que tienes que hacer, en teoría… Pero hay cosas que no sabrás manejar hasta que estés poniéndolo en práctica. Puede ser tu lenguaje no verbal, o puede ser que te falta seguridad. Pueden ser mil cosas y todas se corrigen después de haberlo visto en vivo.

Y está bien, es lo natural.

Permítete, sin más reprimenda que tomar nota de lo que ha pasado para aprender de ello, caerte y tropezarte, como el niño que empieza a andar y aún no ha desarrollado la fuerza de sus piernas. Para ese niño pequeño, la única manera de desarrollar dicha fuerza es obligándose a intentarlo otra vez, caerse y volverlo a intentar.

Si tan simple es para todos nosotros cuando somos tan pequeños y aparentemente tan frágiles… ¿Por qué nos cuesta verlo cuando nos hacemos mayores? Ninguno de nosotros podría caminar sin esa tozudez y esa determinación. Si nos hubiéramos limitado a quedarnos sentados en el suelo, llorando porque no hemos sido capaces de hacer la carrera completa a través del salón.

No hay maestro como la experiencia, si estamos completamente abiertos a aprender de ella.

Sal, equivócate y vuelve a intentarlo.

0