Día: 8 junio, 2017

Jorge Bucay es un escritor y terapeuta argentino. Él mismo se define como “ayudador profesional” y mediante sus conferencias como con sus libros y sus pequeñas historias ofrece herramientas para que nosotros mismos podamos ayudarnos, sanarnos, y elevarnos.
Uno de sus más conocidos cuentos se llama “Las Alas son para volar”, y trata sobre los riesgos que debemos tomar en la vida, y cómo cuando nos contenemos es cuando más probabilidades de fallar nos encontramos. Pero… Mejor os lo comparto.

Cuando se hizo mayor, su padre le dijo:

-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.

-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.

-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
– ¿Ves hijo? este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte
aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las
alas y volarás…

El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?

-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo a ver a sus amigos, a sus compañeros, aquellos con los que había caminado toda su vida.

Los más estrechos de mente dijeron:
-¿Estás loco?

-¿Para qué?

-Tu padre está medio loco…

– ¿Para qué necesitas volar?

– ¿Por qué no te dejas de tonterías?

-Y, además, ¿quién necesita volar?

Los mejores amigos también sentían miedo:
– ¿y si fuera cierto?

– ¿No será peligroso?

– ¿Por qué no empiezas despacio?

-Prueba a tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol, pero… ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó…desplegó sus alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas, pero desgraciadamente, se precipitó a tierra.

Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di! No soy como tú. Mis alas son de adorno… – lloriqueó.

-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en un paracaídas: necesitas cierta altura antes de saltar.
Para volar hay que empezar asumiendo riesgos.
Si no quieres, lo mejor quizá sea resignarse y seguir caminando como siempre.

En esta historia, vemos cómo lo que peor pudo hacer el hijo es escuchar a aquellos que le decían que no sería capaz, por eso asume un riesgo muy bajo y sin creer en él o suficiente. Aquí Bucay nos habla también del miedo a lo nuevo, a los cambios y cómo muchas personas infunden ese miedo en los otros.
Al final, si quieres volar tienes que desplegar las alas, confiar en tus posibilidades y ser nosotros mismo, tomar nuestras propias decisiones y no dejar que nos invadan los miedos de aquellos que jamás lo han intentado siquiera.

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