Día: 17 mayo, 2017

Un copo de nieve es algo frágil, inofensivo, sin fuerza alguna. Se nos derrite en la palma de la mano y desaparece en cuestión de segundos. Es también algo único y perfecto.
Lo cierto es que te puedes equivocar con respecto a ese copo de nieve. Sólo está indefenso porque está sólo, pero la nieve es uno de los ejemplos más maravillosos que la naturaleza tiene para demostrarnos que la unión es la fuerza más poderosa.

Tú, como ese copo, te puedes ver ante una situación extraña despojado de fuerzas, de ánimo y sin recursos para seguir avanzando. Es cuando comienzas a hacer contactos, cuando comienzas a rodearte de personas como tú, con tus mismas ambiciones y tus mismos sueños, que empiezas a crear esa primera bola de nieve.

Muchos copos de nieve son capaces de frenar la actividad de ciudades enteras, de parar los coches, de cerrar edificios. La nieve puede ser una de las fuerzas de la naturaleza más potentes e incluso aterradoras. Y todo eso es el poder de muchos copos de nieve frágiles.

Snow covered cars are seen during snowfall in the city

Un copo de nieve no tiene fuerza, pero la fuerza del alud es imparable.

Pero por suerte, hay una gran diferencia entre nosotros y los copos de nieve: ninguno de nosotros es tan frágil como ese copo de nieve. Nuestra fuerza es mayor como individuos y es mucho más poderosa en conjunto. Tal vez no seamos como el alud, pero tenemos la fuerza de hacer muchas más cosas y de, juntos, tener la capacidad para transformar el mundo.

El alud puede destruir a su paso, pero nosotros podemos construir. Para ellos solamente tenemos que aprender a unirnos tanto como la nieve.

Ese es el verdadero secreto del poder de la nieve, la capacidad de estar no solo juntos sino unidos, de moverse como una sola entidad con la fuerza de miles y millones.

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