Día: 2 mayo, 2017

Cada minuto de nuestro día es un minuto que debemos saber aprovechar. No dejar que se nos escape de ninguna manera, ya sea para nuestro negocio o para dedicarlo a aquello que nos hace feliz, como la familia, los amigos… Lo ideal es que tu día te permita hacer de todo un poco: trabajar y hacer crecer tu negocio, disfrutar de la compañía de los tuyos, invertir tiempo en tu desarrollo personal e incluso en alguna afición.

Tu felicidad depende de un buen equilibrio entre todas esas partes que dan forma a tu vida diaria. Y aunque dedicarle mucho, pero que mucho esfuerzo y tiempo a desarrollar tu negocio es muy importante para tus metas, no existe éxito sin felicidad y no existe felicidad sin equilibrio.

Planificación. La base principal de esto consiste en una buena planificación. Planificar desde bien temprano o incluso desde la noche anterior cómo vamos a utilizar el tiempo de nuestro día. Ya debes tener algunas metas y pequeños objetivos que puedas fraccionar. Es importante marcarte una pequeña meta diaria para que cada día tu progreso sea visible.

Prioridad. Debes separar lo que es realmente importante de lo que es urgente. De las tareas que te dan un progreso de las que sólo se interponen. A veces es difícil entender la diferencia entre urgente e importante y las combinaciones posibles de ambos. Simplemente valora qué te aporta a tu día o a largo plazo lo que vas a hacer, y si tienes que sacrificar algo más o menos valioso por ello.

Valora tu tiempo. A veces tendemos a aceptar compromisos, tareas, y demás, que no nos vienen bien, ni siquiera nos convienen o no podemos asumirlas. Eso lo hacemos porque no valoramos realmente nuestro tiempo o por miedo a que los demás crean que no somos realmente competentes. Hay que entender que nadie hace magia con su tiempo, y que poder abarcarlo todo es un proceso que implica tanto una buena administración, como aprender a seleccionar qué tareas nos ayudan y cuáles no. Y aprender a decir “no” a aquellas que no nos convienen.

Cada cosa en su momento. Algo que nos puede ayudar mucho es dedicar momentos específicos del día a tareas específicas. Quizás esa organización cambie de un día para otro, sobre todo porque en el Network Marketing no tenemos un horario. Pero reservarte un tiempo para encargarte de algo y centrarte por completo en ello es la mejor manera de aprovechar el tiempo.

Menos interrupciones. Siempre las vas a tener. Aprende a convivir con ellas y a manejarlas de manera en que no destrocen toda tu planificación.
Nada de distracciones. Estas son las que te buscas tú mismo. Malos hábitos, cosas que te desenfocan. Lo que se llama perder el tiempo.

Medita. Si, en realidad es una manera de aprovechar tu tiempo también. Porque puedes usar ese rato para hacer un análisis del día, de lo que has llevado bien y lo que no has llevado tan bien. Y cómo corregirlo la próxima vez. Es importante que lo veas de manera positiva y te centres en lo conseguido con éxito y en las formas de mejorar tu sistema para organizar tu tiempo.

¡Y a sacarle todo el provecho a cada día!

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Esa llamada tan especial que hacemos a alguien a quien queremos en nuestro equipo. Se trata de un contacto que ya hemos hecho, o una persona que, de hecho, conocemos desde algún tiempo. Y es alguien a quien sabemos que este negocio en el que estamos, ya sea el Network Marketing en sí mismo o esa oportunidad nueva y emocionante que acabamos de encontrar, le será muy útil en su vida y su carrera.

Si esa persona no conoce el Network Marketing podemos hacer un acercamiento a la idea usando la palabra proyecto. Realmente es una palabra que funciona muy bien a la hora de describir a algunas compañías o productos que promueven, y que se ajusta mucho más a lo que queremos compartir con esa persona. Sabemos lo más básico de esta industria es la distribución del producto, pero es la visión detrás de él y el impacto que crea en la vida de tanto distribuidores como usuarios, lo que lo convierte verdaderamente en un proyecto más que es un mero negocio.

“¡Hola! Oye, si tienes un rato esta tarde, me gustaría quedar contigo y hablar de un proyecto en el que estoy y creo que te puede interesar.”

Los detalles es mejor ya discutirlos en persona. Pero ese es buen primer paso para la invitación. Si esa persona quiere quedar contigo y hablar cara a cara sobre ese proyecto, ya tienes parte de su atención. Le interesa lo que tú puedas contarle.

Creando la curiosidad.

En tu llamada inicial puedes hablar de trabajar en algo juntos, o desarrollar una actividad juntos. Puedes hablar de ganar unos ingresos extra. O simplemente que acabas de empezar un nuevo proyecto y estás muy emocionado y quieres charlas sobre eso. Lo más importante es que muestre interés y que acordéis una cita.

No desveles nada por teléfono.

La necesidad de este secretismo es simple y llanamente porque corres el riesgo de explicar mal y a las prisas todo el concepto. Uno de los riesgos del teléfono es que no puedes saber cómo de receptiva está realmente la otra persona. Los grandes asuntos es mejor tratarlos en persona.

Esa conversación que vais a tener, ya sea en tu casa, en la suya, en un café o delante de algún delicioso plato en un restaurante será tu presentación. Sé claro si te pregunta detalles de ante mano. Di que en ese momento no puedes y que prefieres explicarlo todo con detalle en persona, con tiempo y sin interrupciones.

Es posible que haya quien no quiera quedar sin todos los detalles. Puede ser una persona algo desconfiada con la que deberías haber establecido mejor la relación con anterioridad, o que sea así con todo el mundo. En cualquier caso, puedes probar a decirle que pensabas que le sería útil, pero que, si no tiene 20 minutos para hablar con un café, es una pena, pero es su decisión.

Quizás en unas semanas cambie de opinión. Quizás en unas semanas sea esa persona quien te llame de vuelta.


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