Día: 22 abril, 2017

Mucho hablamos, debatimos, leemos, analizamos y escribimos sobre las cualidades del liderazgo. Pero, para mí, yo creo que una de las mejores que puede existir es, realmente, un equilibrio entre la calidez humana y la aptitud.

En la aptitud podemos englobar muchas de las cualidades de las que hablamos generalmente, las que van enfocadas al negocio, las organizativas. Esas que te hacen ver las soluciones incluso antes que el problema. Y la calidez humana, o lo que podemos llamar también la empatía, la compasión, la conexión personal… es el componente humano, un factor importante.

Lo que yo veo es que ambas partes, la racional y la sentimental son complementarias y necesarias, tanto una como la otra sin ninguna excepción. Debes querer ser un líder en quien se pueda confiar y que tenga el afecto más sincero de la gente con la que trabajes. Y, sin embargo, debes querer también ser respetado y que tus ideas sean útiles para todos y tenidas en cuenta. Debes ser competente, no sólo un amigo. Pero la competencia sin confianza no es liderazgo autentico, es simplemente una autoridad impuesta. Y la confianza y el afecto sin la aptitud y la competencia tampoco es un liderazgo si no los llevas a ninguna parte. Sencillo, ¿verdad?

En esencia sí, pero el tema es algo más complicado aún. O, mejor dicho, más complejo.

Verás. No sólo el equilibrio entre ambos lados de la balanza es necesario, sino que también influye el orden en que comenzamos a cimentar nuestro liderazgo con respecto a las relaciones con los miembros de nuestra organización.

Mientras que la fuerza, la aptitud y la competencia son elementos que nos ayudan a demostrar que somos personas capaces de llevar nuestra labor a buen puerto, no debemos proyectarlas en exceso cuando hacemos nuevos contactos y, especialmente, cuando tratamos con nuestros equipos. Puede, realmente, parecer un exceso de control o de desinterés por las necesidades de las personas. La influencia empieza con las relaciones humanas, y las relaciones humanas no se basan en números, en resultados… se basan en la comprensión y la conexión. Éste es un negocio donde la mayor fuerza que existe y la que lo mueve todo son las relaciones humanas. Personas, a secas.

Enfócate en conectar con las personas primero, cuidar de tu comunicación y mostrarte como alguien en quien confiar, demostrando honestidad y escuchando a los demás. No es algo demasiado complicado, pero si es algo que no creas que puedas hacer, entonces probablemente te estés equivocando de industria. Conoce las necesidades del otro y no las olvides jamás, crea una relación sólida, una relación a largo plazo con esas personas.

Entonces, una vez has creado una conexión, tus aptitudes, tu fuerza y tus capacidades de liderazgo entran en acción para que las personas que trabajen contigo se sientan, además de felices hacerlo, seguras de estar trabajando con la persona correcta, una persona que sabe lo que hace y cómo debe hacerse.

Aquellos que usan primero sus capacidades y dejan en segundo plano la construcción de la relación se convierten en figuras autoritarias amenazantes, personas que, a la larga, aunque se sepa que saben lo que hacen, generan desconfianza y disconformidad. Hacen que las personas a su alrededor no estén felices de trabajar en su mismo equipo, teman cada vez que su líder quiera hablar con ellos. O simplemente no encuentren nada de utilidad en sus palabras, porque tal vez les suene como una lección automática, vacía de honestidad.

En resumen, ahora que ya conoces el “por qué”: crea conexiones primero, pon tus conocimientos y tus capacidades para liderar a disposición de tu equipo después. Y mantén un sano equilibrio entre el negocio y las relaciones humanas durante todo el recorrido. Esa podría ser la mejor cualidad que un líder pueda desarrollar.


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