Mes: abril 2017

Hay muchas probabilidades que tú, seas quien seas y tengas la edad que tengas, y que me estás leyendo ahora mismo, hayas probado al menos un par de dietas a lo largo de tu vida. Y es probable que aun veas la tentación de probar alguna nueva por el bien de tu salud, o puede que incluso por la figura.

En cuanto a eso, os puedo decir que la verdadera dieta que mejor le puede venir a tu organismo es simplemente aquella en la que prestas atención a lo que realmente estás comiendo y qué es lo que aporta a tu cuerpo y a su salud. Siempre se trata de evitar aquello que nos tóxico de una forma o de otras.

Pero, en nuestra vida en general, también podríamos hacer algo similar.

¿Qué pasa si pongo toda mi vida a dieta? Puedes encontrarte con un cambio radical en ella.

¿Cómo puedo poner mi vida a dieta? Es muy fácil, sólo tenemos que balancear las cosas que nos sientan bien y las que nos sientan mal. Hay elementos tóxicos que podemos empezar a evitar en nuestras vidas, al igual que evitaríamos aquellos que sabemos que es malo para la salud.

– Pensamientos Negativos:

Deja de alimentar tu cerebro con malos pensamientos. La negatividad tiene un impacto grande y horrible en tu vida. Comienza quitándote energías, sigue haciéndote creer que todo es peor de lo que parece, y no te deja disfrutar de los logros y de las cosas buenas del día a día. Los pensamientos negativos también te hacen perder el enfoque ¡y hasta te sabotean los planes!

– Personas negativas:

Nada hay más toxico para tu nuevo estado vital que las personas que van a llenarte la cabeza con su negatividad, poniéndole pegas a todo lo que haces y hasta comiéndose tus sueños. Hay personas que no te dejarán despegar nunca y que te mantienen con los pies pegados a una falsa y gris realidad. Lo peor es que lo hacen porque creen que deben. Y también hay gente que simplemente es tóxica sin más.

Tienes que ponerle fin a eso, llamar la atención a quien quiera cambiar su “ingesta de malos pensamientos”, y si no quiere cambiar… mejor estarás sin escuchar sus negatividades todos los días.

– Inseguridades:

Es difícil deshacerse de la inseguridad ya que es algo que se nos ha pegado, que nos ha calado muy hondo y nos acompaña siempre. Es una parte negativa de nosotros que no nos deja ser quienes estamos destinados a ser porque piensa que no nos lo merecemos. Aprende a valorarte más, a creer más en tus talentos y en lo que ya tienes que ofrecer.

Lo que podemos añadir a nuestra dieta de vida:

– Conocimientos:

Añade nuevas habilidades y experiencias que también ayudarán a mantener las inseguridades lejos y nuestra autoestima bien alimentada. Además de eso nos dará la posibilidad de ser mejores en nuestro trabajo y nos darán resultados a largo plazo.

– Positividad:

La positividad no es pensar que todo saldrá bien sin que tengamos que hacer nada, o ignorar los problemas o los conflictos. La positividad es ser capaz de centrarnos en la solución más que el problema en sí mismo.

– Gratitud:

Añade unas buenas pizcas de gratitud cada día. Agradece lo que tienes hoy y las personas que te apoyan, agradece cada noche por aquello que ha salido bien durante el día y, verás que, si haces recuento, siempre superará por número a lo que puede que no haya salido tan bien. Debemos dejar de poner todo el foco siempre en el lado equivocado.

Prueba esta dieta sin saltártela ni un solo día durante, al menos, un mes y verás como tu vida cambia drásticamente. Y no sólo eso, ¡será la única dieta que jamás te tientes a abandonar una vez la pruebas!

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Mucho hablamos, debatimos, leemos, analizamos y escribimos sobre las cualidades del liderazgo. Pero, para mí, yo creo que una de las mejores que puede existir es, realmente, un equilibrio entre la calidez humana y la aptitud.

En la aptitud podemos englobar muchas de las cualidades de las que hablamos generalmente, las que van enfocadas al negocio, las organizativas. Esas que te hacen ver las soluciones incluso antes que el problema. Y la calidez humana, o lo que podemos llamar también la empatía, la compasión, la conexión personal… es el componente humano, un factor importante.

Lo que yo veo es que ambas partes, la racional y la sentimental son complementarias y necesarias, tanto una como la otra sin ninguna excepción. Debes querer ser un líder en quien se pueda confiar y que tenga el afecto más sincero de la gente con la que trabajes. Y, sin embargo, debes querer también ser respetado y que tus ideas sean útiles para todos y tenidas en cuenta. Debes ser competente, no sólo un amigo. Pero la competencia sin confianza no es liderazgo autentico, es simplemente una autoridad impuesta. Y la confianza y el afecto sin la aptitud y la competencia tampoco es un liderazgo si no los llevas a ninguna parte. Sencillo, ¿verdad?

En esencia sí, pero el tema es algo más complicado aún. O, mejor dicho, más complejo.

Verás. No sólo el equilibrio entre ambos lados de la balanza es necesario, sino que también influye el orden en que comenzamos a cimentar nuestro liderazgo con respecto a las relaciones con los miembros de nuestra organización.

Mientras que la fuerza, la aptitud y la competencia son elementos que nos ayudan a demostrar que somos personas capaces de llevar nuestra labor a buen puerto, no debemos proyectarlas en exceso cuando hacemos nuevos contactos y, especialmente, cuando tratamos con nuestros equipos. Puede, realmente, parecer un exceso de control o de desinterés por las necesidades de las personas. La influencia empieza con las relaciones humanas, y las relaciones humanas no se basan en números, en resultados… se basan en la comprensión y la conexión. Éste es un negocio donde la mayor fuerza que existe y la que lo mueve todo son las relaciones humanas. Personas, a secas.

Enfócate en conectar con las personas primero, cuidar de tu comunicación y mostrarte como alguien en quien confiar, demostrando honestidad y escuchando a los demás. No es algo demasiado complicado, pero si es algo que no creas que puedas hacer, entonces probablemente te estés equivocando de industria. Conoce las necesidades del otro y no las olvides jamás, crea una relación sólida, una relación a largo plazo con esas personas.

Entonces, una vez has creado una conexión, tus aptitudes, tu fuerza y tus capacidades de liderazgo entran en acción para que las personas que trabajen contigo se sientan, además de felices hacerlo, seguras de estar trabajando con la persona correcta, una persona que sabe lo que hace y cómo debe hacerse.

Aquellos que usan primero sus capacidades y dejan en segundo plano la construcción de la relación se convierten en figuras autoritarias amenazantes, personas que, a la larga, aunque se sepa que saben lo que hacen, generan desconfianza y disconformidad. Hacen que las personas a su alrededor no estén felices de trabajar en su mismo equipo, teman cada vez que su líder quiera hablar con ellos. O simplemente no encuentren nada de utilidad en sus palabras, porque tal vez les suene como una lección automática, vacía de honestidad.

En resumen, ahora que ya conoces el “por qué”: crea conexiones primero, pon tus conocimientos y tus capacidades para liderar a disposición de tu equipo después. Y mantén un sano equilibrio entre el negocio y las relaciones humanas durante todo el recorrido. Esa podría ser la mejor cualidad que un líder pueda desarrollar.


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Hace unos días alguien me contó una historia corta pero hermosísima. Esa historia, fue una vez contada a esa persona por otra que también la oyó. No he logrado encontrar esta fábula o cuento… ni su origen, pero os la contaré más o menos como me la explicaron a mí.

En una nevera se encontraban entre los alimentos y las bebidas, una bandeja de cubitos recién hechos. El agua pasaba de estado líquido a sólido por el frío, pero de forma separada y aislada por las barreras de los cuadraditos del recipiente. Pasaban los días y las noches y los cubitos comenzaban a pasar ese tiempo juntos, aunque separados. Los cubitos hablaban y planeaban, y empezaron a imaginar otra vida fuera de la nevera.

Algunos de esos cubitos estaban cada vez más entusiasmados de estar compartiendo ese tiempo juntos y hablaban, se reían, ¡hasta saltaban! Saltaron tanto que escaparon de la nevera. Viéndose libres y sin las restricciones de aquel envase que los mantenía separados celebraron y se abrazaron unos a otros. Se sonreían los unos a los otros.

Y poco a poco notaron que de los cubitos emanaba algo de agua que se mezclaba bajo ellos. Cuanto más se reían y más celebraban más agua había. Hasta que casi todo lo que había allí era agua. Y, sin embargo, su alegría no paraba. Uno de ellos preguntó:

“¿Qué parte de esta agua soy yo? ¿Y qué parte de esta agua es cada uno de vosotros?”

Pronto vieron que no podían distinguirlo y lo entendieron.

“A partir de ahora, ya no es sólo “tú” o “yo”, a partir de ahora somos “nosotros.”

Y ese pequeño charco de agua… tal vez hoy sea parte de un río, que sea parte de un océano…

 

¿Qué pensáis? Para mí es una manera muy hermosa de contar que cuando perdemos nuestra frialdad, cuando nos libramos de las restricciones que nos ponemos a la hora de tratar con los demás y nos entregamos con el corazón a formar parte de la vida de otros, podemos crear algo mayor más importante. Familias, equipos. Todos somos gotas de agua que, juntos, podemos crear océanos y ser la fuerza de la naturaleza más poderosa.

¿Habéis leído o escuchado esta historia antes? Y, los más importante ¿Habéis experimentado esta sensación de formar parte de algo de lo que puedas decir ese “nosotros”, con ese orgullo y esa felicidad? Yo sí.


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