Día: 8 octubre, 2016

Cada persona es un compendio de varias facetas, y esas facetas pueden tener intereses distintos y aislados.
Por ejemplo, como emprendedora y líder en el network marketing, mis principales aspiraciones están en conquistar la siguiente meta, incentivar a mi equipo a que liberen siempre su máximo potencial y formar a más líderes determinados que ya sean ganadores de mente. Como mujer, un interés especial que tengo es que cada vez sea más natural y más común ver compañías en las que apenas puedas ver a simple vista si hay más hombres que mujeres o lo contrario. Y como madre, siempre hay una preocupación constante por el mundo que estamos formando para nuestros hijos.

Y todo ello puede unirse en un punto en común, en una idea que une partes de cada de una de esas facetas: que podemos educar a nuestros hijos para el mundo de los negocios del mañana.

Podemos educar a nuestros hijos de manera en que sepan que, siendo niños o niñas, pueden aspirar a las mismas cosas. Y aunque su decisión sobre lo que quiera hacer con su futuro es enteramente suya, podemos darles una base para los negocios que nosotros (y nosotras, especialmente) hemos tenido que aprender por nuestra cuenta.

Tal vez podríamos plantearnos empezar a fomentar aún más el espíritu emprendedor, aventurero, de liderazgo, de seguridad… de la misma manera en niños y niñas, a la par. Así sabrán que no hay límites, no hay nada que ambos no puedan hacer, no habrá nada que ambos no puedan escoger.

Seamos el ejemplo.

Somos la principal inspiración para nuestros hijos e hijas. Lo que ven en nosotros es lo que entenderán como lo normal, y aunque siendo adultos siempre tenemos la decisión final sobre qué queremos hacer con nuestras vidas, es innegable que la educación que hemos recibido tiene una parte importante en las decisiones que tomamos. Así que ya seas madre o padre, eres un modelo a seguir. Procura que sea el mejor que puedas.

No encajar no es malo. Creamos desde las diferencias.

Preparar a tus hijos para un futuro de éxito no es incompatible con dejarles ser quienes son y tener su creatividad y su personalidad en cuenta. De hecho, a la hora de fomentar que las niñas tengan de adultas el mismo interés por los negocios y el emprendimiento que sus hermanos, por ejemplo, dejarles expresar dar rienda suelta a su espíritu más inquieto es un movimiento muy inteligente. Que los niños o las niñas sean algo distintos que sus compañeros, quieran jugar a otras cosas, quieran aprender otras cosas… tal vez sean mentes inquietas que en el futuro no quieran amoldarse al mundo sino moldearlo ellos mismos.

También es algo importante a fomentar la importancia de nuestra propia voz, la de ellos, los pequeños, y muy especialmente la de las niñas. Creamos intercambiando ideas, y una seguridad saludable del uso de su propia voz, de sus propias ideas, de no esconderlas, y mucho menos para intentar encajar, puede ser el origen de la próxima gran empresa mundial. Solemos tener algo más manga ancha a la hora de dejar que nuestros hijos se expresen y creen, inventen, corran, trepen. Y todo eso es perfecto. El problema es cuando intentamos proteger más a nuestras hijas, que encajen más, que no se lastimen, que se comporten… Y a lo mejor eso es un gran error. Una niña que corre sin miedo a caerse y rozarse en una rodilla será una mujer que no tenga miedo a tomar decisiones atrevidas. Decisiones de éxito.

Equivocarse es bueno, caerse es mejor.

En nuestro afán por hacer a nuestros hijos más seguros y mejor preparados a veces les privamos del aprendizaje más necesario para el futuro. Hay que permitirles equivocarse y ayudarles a ver que de ahí también pueden aprender. Hay mucha prensión en intentar que hagan todo bien y de manera perfecta a la primera, que podrán desarrollar un pánico al fracaso en el futuro. Si los sobreprotegemos, crecen con miedo a tomar decisiones, crecen con un miedo paralizante a arriesgarse. A vivir, en definitiva. Eso es lo que más lejos los puede llevar de convertirse en emprendedores, pues un emprendedor es alguien que toma decisiones, se arriesga, con miedo o sin él. Educarlos para que nunca se arriesguen y se adapten a la solución más segura, en un ambiente en el que de todos modos nada es seguro al 100%, es hacer que aguanten en trabajos que no quieren, en condiciones que no les benefician, por puro miedo al riesgo.

Nos enfrentamos a decepciones cada día y debemos aprender a lidiar con ellas. Está bien si podemos hacerlo lo más pronto posible. Si ellos, la siguiente generación, aprende a caerse y a levantarse. A que no deben ser perfectos, sino ellos mismos, siempre.

Enseñarles, por ejemplo, que una derrota en un partido no les hace malos deportistas, pero tampoco deben ser los mejores para contentarnos a nosotros, sino a ellos mismos si es lo que desean de verdad. Para niños y para niñas esta lección es muy importante, y aprender a manejar sus frustraciones y convertirlas en una manera de enfocar sus objetivos puede hacer una gran diferencia a la hora de encontrar un ambiente laboral más inclusivo, más equilibrado, respetuoso y, probablemente, con mucho menos estrés.

Con estos pequeños detalles estamos empezando a preparar a nuestros hijos e hijas, de igual manera, para que tengan lo más necesario, el kit más básico para triunfar en los negocios o en lo que quieran: seguridad en sí mismos, perseverancia, originalidad y determinación.

 

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