El Síndrome del Impostor: cuando tu autoestima te roba tus éxitos.

El Síndrome del Impostor: cuando tu autoestima te roba tus éxitos.

Hace poco he descubierto un fenómeno psicológico que ocurre entre personas que alcanzan el éxito y, durante mucho tiempo, se ha visto con más frecuencia en mujeres.
Es la sensación de que tus logros no te pertenecen, que estás ocupando una posición en la que otra persona estaría mejor capacitada que tú, que todo lo que haces bien es por pura suerte, no por tu talento. Es pensar que la gente cree que eres más inteligente o más capaz de lo que tú “sabes” que eres y vives en un miedo continuo a que tus compañeros descubran que en realidad no eres tan competente como te hacían, no eres tan listo, no eres tan capaz, no eres nadie… que no entienden cómo puedes estar en la misma posición que ellos, o incluso más alto, sino tienes ningún talento especial. El síndrome del impostor te hace pensar que eres mediocre, aunque hagas cosas extraordinarias, que no te mereces tu propio éxito.

Se trata de un problema que llega por una falta de autoestima que tal ve ya estaba allí. Y la falta de autoestima es algo que afecta en mayor o menor medida a muchísimas personas. Y para colmo, en muchos casos, personas que son realmente dedicadas, perfeccionistas, exigentes… Imagina haber pensado en tu juventud que no serías capaz de conseguir grandes cosas porque tu autoestima no te dejaba pensar otra cosa, porque no creías en ti… y consigues superar esos pensamientos para lograr lo que soñabas, el trabajo de tus sueños, la casa de tus sueños, una posición envidiable dentro de tu compañía, tienes el respeto de tus compañeros por tu trabajo… Pero un día, esa sombra vuelve a atormentarte. Sólo que esta vez no puede decirte que no serás capaz, puesto que lo has hecho, has sido capaz. Esta vez la sombra en tu mente te atormenta diciendo que en realidad es todo pura casualidad, no eres tan bueno o tan buena en lo tuyo, que pronto tus compañeros dejarán de respetarte cuando vean que ha sido todo por pura suerte y que tu posición le debería corresponder a otra persona.

Que no te mereces ser feliz por mucho empreño que pongas.

Es un sentimiento terrible. Nadie debería sentir que sus propios logros no le pertenecen y que su trabajo no significa nada. Además, hay que tener en cuenta que muchas personas a las que les pasa esto empiezan a bajar su rendimiento, a paralizarse, a dejar de hacer lo que les gusta y tanto éxito les proporciona. Y si no ponen remedio, pueden empezar a poner en peligro su carrera.

Así que, si alguna vez te sientes así, entiende que no es real y que no estás sólo.

Y, lo mejor es que sí tiene solución. Con este tipo de pensamientos es difícil luchar porque no hay peor jurado que nosotros mismos, pero podemos poner a prueba algunas herramientas para intentar superarlos.

Cómo vencer el síndrome del impostor.

– Háblalo. Busca alguien de confianza en tu entorno laboral, un compañero, un mentor y, si hace falta, alguien experto en este tipo de casos como un coach. Que compartas ese sentimiento es bueno, es liberador y te darás cuenta de que no tiene ningún fundamento.

– Recuérdate que nadie es perfecto, que nadie sabe hacerlo todo bien y que no sepas algo en concreto o no se te dé bien otra cosa, no significa que no sepas hacer NADA de lo que haces, porque de lo contrario no estarías ahí.

– Reconoce tus limitaciones, pero celebra tus capacidades. Aprende a diferenciar ambas cosas.

– No te compares con otros. No tienes que hacer las cosas igual que otros para que tus éxitos te correspondan al 100%. La comparación siempre trae malas cosas.

– Guarda en algún lado, una libreta, como más te guste, una colección de cosas buenas que han dicho sobre ti y tu trabajo. Si te comentan en Facebook y te dan la enhorabuena por algo que has logrado, tal vez te sea útil tener una captura de ello en tu ordenador. Es muy motivador y si, en algún momento dudas de tus capacidades, échale un vistazo a tu colección y piensa “todas estas personas piensan que soy buen profesional. Todas estas personas no pueden estar viendo las cosas mal”. Si te mantienes firme, verás que con el tiempo acumularás más y más, y llegará un momento en que no necesites acumular testimonios ajenos porque por fin tendrás los tuyos propios.

– Haz las cosas a tu manera y hazte dueño de “tu manera”. No quieras ser perfeccionista hasta el punto en que todo lo que hagas te parezca mal hecho. Sólo da lo mejor de ti, siempre, y siendo tú al cien por cien. Esa es la única manera en vas a saber con certeza que todos tus logros son completamente tuyos.

– Y piensa, ¿acaso has heredado el puesto de un familiar? ¿Te han puesto a dedo en tu posición sin haber hecho nada? ¿Todo tu dinero pertenece a tu familia? Si la respuesta a todo eso es no y has estado trabajando todo este tiempo por esos logros, no hay ninguna manera posible que no merezcas todo eso.

– Y finalmente… confía en la probabilidad, porque, ¿qué probabilidades tienes de que cada paso que hayas dado, cada cosa que has hecho y cada logro que has alcanzado sean fruto de la suerte y el destino te haya regalado una vida que le pertenecía a otro?

 

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