Quien controla tu negocio, controla tu vida

Quien controla tu negocio, controla tu vida

Las cosas están hechas en el mundo hoy día de modo que todos dependemos de un empleo, de tal manera que, aunque no nos guste ese empleo, perderlo es devastador. Puede ser el empleo de tu vida, tu vocación, lo que te da ganas de levantarte por las mañanas o puede ser simplemente ese contrato que te mantiene pagando el alquiler y poniendo comida en la mesa para tus niños. Pero en ambos casos ocurre lo siguiente: Vas a sentir que tu vida se parte en dos si lo pierdes, y para colmo no tienes ningún control sobre ello. Incluso, ni siquiera la persona que va a decirte que pierdes tu trabajo tiene control sobre ello. La forma en que todo esto funciona y nos deja a todos indefensos ante un concepto abstracto, arbitrario y caprichoso. El sistema corporativo. La Maquinaria empresarial.

Las ganancias lo son todo, y da igual qué es lo que se supone que produce, vende o que servicios ofrece. Al final esos modelos de negocios que se basan únicamente en las ganancias de los rangos más altos de su organigrama y se olvida completamente del resto de personas que la estructuran, siempre tienen un impacto negativo en la gente que forma parte de ellos. En cuanto la brisa cambia de dirección, un número se mueve en la cifra de beneficios totales y tienen que rodar cabezas.

Yo hace mucho tiempo que me he librado de este sistema y estoy muy feliz por ello. Pero no hace mucho me reencontré con un antiguo compañero. Decía que le iba bien. La familia estaba bien y aun tenía trabajo, pero notaba que había algo que no era del todo cierto. Bueno, hacía mucho tiempo que no hablábamos, quizás era cosa mía, me dije. Pero cuando parte de tu trabajo es relacionarte con personas, cuando una parte esencial de lo que haces está directamente relacionado con saber escuchar y entender a tu equipo, se aprenden algunas cosas. Y yo sentía que algo no iba bien.

Vector illustration of Retro styled Abstract Businessman caught up in bureaucratic red tape.

Después de un rato de charla y tras haberle explicado como era mi vida profesional y personal, acabó por compartir algo que al principio no había querido reconocer.

Le había ido bien en estos años, claro, tanto que ahora estaba en una situación de responsabilidad, era superior de algunos de sus compañeros y, de hecho, la cosa parecía ir tan bien que se había abierto la oportunidad de nuevas contrataciones. Mi amigo había participado en la selección y contratación de varios nuevos empleados. Compañeros, pero que estaban bajo sus ordenes. Que dependían de él en cierto modo. Pero mi amigo no tenía ningún control sobre la situación. Antes solía pensar que así era, pero se había dado cuenta de que había algunas cosas que no tenían sentido.

 

¿Que había pasado para que sus ánimos no estuvieran en armonía con lo que me había contado en un principio? Pues que pocas semanas después de haber acogido en su equipo a nuevos empleados, apareció de pronto, como salido de la nada y de parte de sus superiores un informe que decía que había que recortar gastos. Y el principal gasto que siempre quieren recortar las empresas suele ser en personal.

Mi amigo me contó como se sintió el momento en que tuvo que leer esas palabras y darse cuenta de que sería él quien tuviera que hablar con varias de las personas que habían entrado más recientemente y decirles que ya no podrían seguir trabajando allí. Quien había ordenado el recorte de personal sólo lo había decidido y puesto por escrito, de manera fría, distante. No le afectaba en nada. Nunca tendría que mirar a los ojos de esa persona, conociendo su situación, su vida, el nombre de su pareja o de sus hijos y decirle… ¿Decirle qué? ¿Que los beneficios este año van a ser ligeramente inferiores si no sacrificaban el futuro de un puñado de empleados?

Le escuché hablando de ese momento y supe que su supuesta prosperidad venía cargada de una infelicidad tremenda, de momentos de remordimientos como ese que a la larga le iban a costar la salud. Y en algún momento mas tarde o más temprano, su empleo también.

Yo le dije cuánto me alegraba estar fuera de la maquinaria corporativa tradicional. Le conté que podía elegir una carrera en la que pudiera disfrutar de más libertad y no ser una herramienta de otros. No tenía porque estar bajo el control de alguien que le hiciera sentir que tenía un control negativo sobre otras personas. 

Lo peor es que aun estaba agarrándose a ese empleo, como si fuera un salvavidas en el mar, porque estaba programado para pensar que así era. Le costó empezar a pensar que tenía otras opciones. Y es normal, porque a veces están tan hecho a algo que dejarlo atrás y explorar algo nuevo da pánico.

Cuando nos despedimos esa tarde, se iba con la duda sembrada, aún pensando “es que éste es mi trabajo”, aun con ese aire de tristeza con el que empezó nuestra conversación, pero con una chispa de esperanza que había conseguido darle. Pero yo sé bastará con que tenga que enfrentarse a otro de esos fatídicos días en los que vea que no tiene ningún control sobre su empleo, para que termine por decirle adiós y empiece a construir su  futuro a medida.

Entonces su mirada volverá a reflejar verdadera felicidad.

 

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